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Acerca de la AMP » La Escuela Una
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COMITÉ DE ACCIÓN DE LA ESCUELA UNA
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La Escuela Una
 
PRUDENCIA O RIESGO

Leda Guimaraes

Cuando Lacan propuso al grupo italiano una Escuela de Analistas, lo hizo con una consideración respecto a la posición que implicaría aceptar su propuesta: "La ventaja que tendría el grupo italiano de seguirme, sería de más seriedad de la que alcanzo con mi prudencia. Es necesario que para ello corra el riesgo "

Lacan formuló así que la fundación de una Escuela de AEs resultaría en el pasaje de la "prudencia" al "riesgo".

Contrariamente a lo que está postulado en la filosofía en sus raíces griegas, en la cual la "prudencia" alberga la sabiduría y la virtud de la definición de lo que es bueno para la conducción de las actividades humanas, Lacan sitúa del lado del "riesgo" la posición de mayor "seriedad" de aquellos que vendrían a seguirle en la fundación de una Escuela de Analistas.

A casi treinta años de este marco inaugural de la propuesta de Lacan para la fundación de una Escuela donde sólo funcionasen los analistas, aquellos que -según sus proposiciones en la "Nota italiana", luego de haber "aprehendido la causa de su horror", vengan a sostener con entusiasmo un saber ser "el deshecho de la humanidad".

Desde entonces, ¿qué tratamiento fue dado a esta propuesta de Lacan? ¿Quién la acogió como destinatario? ¿Qué fundamentos fueron formulados para un Sí o para un No?

¿Por qué una pregunta sobre la Escuela de AEs no se hizo escrita?

La propuesta para una Escuela de AEs no vino a operar su efecto de tiqué. La falla desconcertante instituída por ella en nuestro saber hacer Escuela no vino a inscribirse como una pregunta. En el universo de nuestras Escuelas, ninguna ráfaga trepidó el cielo que protege nuestras cabezas, y el olvido imperó hasta ahora como la elección efectiva.

Algunos pocos intentos para poner al debate la Escuela de AEs no se siguieron, no produjeron una teoría que instituyese un lugar en el universo de nuestras Escuelas, quedaron como inscripciones abortadas en su estado naciente. Los argumentos más eficaces, que mantienen apartada cualquier posibilidad de inscripción de la pregunta sobre la Escuela de AEs, parecen ser aquellos que priorizan nuestra tarea cotidiana movida por las exigencias más urgentes de la Escuela. Y así, las décadas se van pasando, ¿y cuántas más aún faltarán pasar para que la propuesta de Lacan sea enterrada en un olvido definitivo? ¿Será nuestra última elección, o llegaremos a dar un paso en la dirección de cuestionar el riesgo?

¿Qué nos espera en los cambios institucionales del Campo Freudiano?

En esta última década, cambios considerables vienen teniendo lugar en el escenario del Campo Freudiano como también en la estructura de la Escuela de Lacan presente en el mundo. El sostén firme de Jacques-Alain Miller en el sentido de imprimir una orientación política y epistémica en el Campo Freudiano, ha sido de fundamental importancia para esos cambios, como también el inestimable trabajo de muchos otros que se alinean en esta orientación.

De la primera Escuela en Paris y de sólo una más en Caracas, vimos surgir varias Escuelas en un movimiento rápido de expansión que aún continúa en la actualidad. La creación de la Asociación Mundial de Psicoanálisis se impuso en su necesaria función de orientación central. El diagnóstico lanzado por J.-A.Miller en el período anterior al Congreso de la AMP en Buenos Aires, indicando el fracaso analítico que floreció en este movimiento de expansión, abrió el camino para la fundación de la Escuela Una, que marcó en el amplio universo de las Escuelas un desnivelamiento entre miembros y adherentes, mientras una mayor exigencia pasó a restringir la entrada de nuevos miembros.

Al mismo tiempo en que el Consejo de la AMP y el Comité de Acción de la Escuela Una dirigieron sus esfuerzos en la dirección de una precisión de los principios de la formación analítica en la Escuela Una , y que los AEs fueron convocados para analizar la experiencia de la Escuela, un nuevo modo de extensión del psicoanálisis, inaugurado por J.-A.Miller, tomó ahora la dirección que rompe los límites de los muros de las Escuelas, aquellos que nos mantenían aislados del mundo que nos circunda, abriendo un debate con las instituciones psicoanalíticas de otras orientaciones y con los intelectuales de nuestra época.

En estas circunstancias actuales, en las cuales se establece un modo de extensión del psicoanálisis sin precedentes, una exigencia nueva de fortalecimiento de la vía de la intensión podrá imponerse a la Escuela Una, para que la marca de lo que nos diferencia -el Dispositivo del Pase- mantenga su potencia frente a esta nueva permeabilidad de los límites que circunscriben la Escuela Una.

¿Qué ganancia podrá obtener la Escuela Una, apostando al riesgo?

Si tomamos la dirección de analizar los efectos que pueden advenir de una Escuela de AEs, podemos concebir -en principio- la apertura de dos posibilidades:

La fundación de una Escuela de AEs instituirá un desnivelamiento entre el grado de miembro y el grado de AE en la Escuela Una, descompletando en el interior de la Escuela Una la uniformidad del conjunto de sus miembros. La Escuela de AEs vendría así a instalarse en una localización éxtima a la Escuela Una.

La fundación de una Escuela de AEs introduciría un nuevo tiempo de verificación del producto que se extrae del Dispositivo del Pase, poniendo a prueba los efectos del pos-analítico en la estructura de la Escuela y en la formación que ella dispensa, a través de un nuevo radio de acción para los AEs, más allá de las funciones que hoy les son destinadas.

¿Al servicio de qué se coloca la prudencia?

La temporalidad del grado de AE vino a ser instituída para que los AEs no se alojasen en una casta, y el intenso trabajo de formalización del testimonio del fin de análisis que pasó a ser exigido en el ejercicio de la función de AE, pone a prueba el deseo que allí podrá ser verificado en el producto de sus trabajos.

¿Una Escuela de AEs restituiría el riesgo de la instalación de una casta? Eso probablemente dependería de la estructura concebida para esta Escuela y de una crítica regular de su experiencia.

Podemos concebir preliminarmente una Escuela de AEs que comporte en su estructura liviandad y agilidad de movimiento, en la cual los AEs y los ex-AEs que ingresasen a ella, lo hicieran a través de un proyecto de trabajo a ser ejecutado en cartel o pequeños grupos, con un tiempo determinado, de no más de dos años, para dar cuenta del producto de este trabajo a la comunidad de la Escuela Una. Cuando este tiempo concluya, el vínculo con la Escuela de AEs se extinguiría, pudiendo ser reactivado con otro proyecto de trabajo.

De esta manera, la Escuela de AEs no tendría miembros vitalicios en asientos confortables que alojen la identificación al síntoma. Los no-todos AEs o ex-AEs, inscriptos temporariamente en la lista de los proyectos de trabajo en ejecución, tendrían allí la oportunidad de volver a poner a prueba el deseo de analista al servicio de la Escuela, ya sea para un trabajo de: 1) formalización de los efectos del fin de análisis en la práctica clínica, verificando la incidencia del deseo del analista en los casos clínicos; 2) investigación de los elementos extraídos de los testimonios de los AE que pone en cuestión los conceptos del psicoanálisis e, incluso, que contribuyan para la invención de nuevos conceptos; 3) elaboración de un análisis constante de la experiencia de la Escuela, en su estructura, sus ejes de anclaje, sus límites, sus impases y sus hiancias productoras; u otros proyectos más.

Esta es sólo una idea, que retoma una de las propuestas iniciales de Lacan para el ingreso en la Escuela. Una propuesta entre otras que podrán ser concebidas, para relevar la posibilidad de que una Escuela de AEs podrá ser concebida como una estructura que coloque el pos-analítico al servicio de la Escuela y de la formación que ella dispensa.

¿Cuál sería entonces el riesgo efectivo de poner a prueba el pos-analítico? Riesgo del cual la prudencia podría protegernos.

El mayor riesgo que concibo para tal emprendimiento resultaría en tocar el agalma que la función de AE mantiene en el interior de nuestras Escuelas. Agalma que la "humanidad" preferiría mantener intacto, cultivando para el AE un semblante de pureza analítica.

El temor extremo de que una Escuela de AEs venga a instituirse en una casta, es denunciado aquí como el otro lado de la paradoja del superyo del sujeto-Escuela, pues impedir que el pos-analítico pueda ser puesto a prueba a través de una Escuela de AEs no elimina la instalación de una casta, muy por el contrario, apenas mantiene intacta la casta que ya existe en la vertiente del Ideal en lo imaginario del sujeto-Escuela.

Tomar la dirección de extraer del pos-analítico las consecuencias más efectivas para la Escuela bajo el riesgo de una desidealización de la función del AE, o elegir mantener intacto el semblante agalmático del AE, dependerá de lo que pretendemos celar como eje privilegiado para nuestra Escuela. Una Escuela siempre conservará la cuota ineliminable de humanidad de sus analistas, pero eso no impedirá que el destino de la Escuela tome como punto de mira la elección que privilegiaremos: -¿La de relevar el significante de la barradura del Otro, o el brillo del objeto? ¿La elección por el carácter inhumano del deseo del analista, o por la cuota de humanidad que mantiene en el horizonte de la Escuela el plano del Ideal?

 
Traducción: Marina Recalde
Texto revisado y corregido por la autora
 

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