Buscar:
Búsqueda avanzada
Buscar
  English
Español
  Français
  Italiano
  Português
INICIO BUSCAR CONTACTO
ACCESOS
Presentación
Escuela Una
Los congresos
Anuario
Conexiones
EFP
FAPOL
RadioLacan.com
Lacan Quotidien
LC Express
LC Express
EFP
FAPOL
Acerca de la AMP » La Escuela Una
PRESENTACIÓN
DECLARACIÓN
DOCUMENTOS
COMITÉ DE ACCIÓN DE LA ESCUELA UNA
PAPERS
La Escuela Una
 
LA FORMACIÓN DE PSICOANALISTA: UNA TENTATIVA DE DES-IDENTIFICACIÓN

Jean-Pierre Klotz

I) El analista: un no-sujeto fuera de identificación
¿Qué es, o quién es, (quod est, aut quid est) el psicoanalista?
Esta pregunta parece suponer una respuesta, del tipo « el psicoanalista es ... », que permitiera identificarlo, designarlo por sus atributos, con un concepto o rasgos marcando un punto de logro del análisis. Estos términos presentados como resultados parecerían entonces dar una conclusión sobre la cual el psicoanalista podría apoyarse para operar. El conjunto tendría la apariencia de un problema técnico resuelto con medios apropiados.

Pero no hay aquí mas que apariencia. Sabemos gracias à Lacan que una pregunta puede ser à su vez respuesta. La cuestión del psicoanalista es el fruto de la cura llevada a su término, el cual deja al analizante sobre la producción de esta puesta en cuestión, sin respuesta automática a la pregunta, sin que pueda evitarse que vaya en ello su deseo. El psicoanalista no se puede atrapar con una identificación, qui hiciera de él un ejemplar conforme al modelo del analista promovido por la institución encargada de defender la denominación frente al mundo. De ahí la orientación hacia el psicoanalista como pregunta, sin respuesta conforme, teniendo como único recurso, si se trata de plantear una forma de práctica, el de considerar un formación infinita fundada sobre un análisis finito. El documento del Comité de Acción de la Escuela Una de diciembre 2000 insistía sobre la distinción de la producción y de la formación del psicoanalista. Esta no-conformidad y esta infinitud de la formación, conjuntamente, abren la posibilidad de confrontarse a la práctica, de una manera que a priori consideramos como menos falaz que otras.

Sabemos que Lacan puso en cuestión la definición del psicoanalista como identificado al « yo del analista », un yo cortés, armonizado, alisado de sus asperezas incongruentes por su pasaje a través del análisis entonces calificado de didáctico. El yo es lo supuesto pasar allí, distinto del síntoma, considerado como un « de-sobra » (en-trop, NDT) del que convendría deshacerse por medio de medidas técnicas ortodoxas. Para Lacan, el analista está más bien por fuera de sí mismo, fuera del yo, e incluso, fuera del sujeto, ya que debe ser supuesto al saber para la puesta en acto de la experiencia analítica alimentando la creencia en el inconsciente gracias a los engaños necesarios de la transferencia.

El correlato de esto es una desidentificación, y la desidealización resultante, con un desplazamiento de la formación hacia el lado de la opción en su dimensión ética y ya no técnica. Ubicar la práctica en puesto de mando implica necesariamente una definición ética del psicoanalista. Hay que optar para ser. El pase estudia la producción del psicoanalista, o sea la de su deseo, al par con lo que Lacan lla ma la « destitución subjetiva ». Esto permite entender que el analista no es un sujeto, en tanto funciona. Para decirlo más precisamente, está separado del sujeto, lo cual lo hace partenaire de éste sin ser otro sujeto. ¿Pero cómo explicar sin embargo lo que significa este analista, no identificado al analista, que es sujeto? ¿Cómo puede un sujeto no serlo cuando funciona como analista? Lacan habló de identificación al síntoma, o para decirlo con sus términos, al sinthome como hecho de goce, al final del análisis. Se trata de un goce separado del sujeto. ¿Cómo se forma entonces este analista que no es sujeto y que por ello, puede alcanzar en su acto la relación del sujeto al goce?

El analista como no-sujeto, fuera de identificación, es lo que está más en juego, en tanto condensa lo que no puede definirse para Lacan según ningún trayecto tipo, ningún automatismo resultante del empleo de una regla práctica, sino sólo como una nueva relación obtenida entre el sujeto y el síntoma luego del pasaje por la cura. El analista-síntoma, desubjetivado por la puesta en práctica del acto analítico, aparece como separdo del sujeto, meollo de lo que causa du división. Lo que está en juego en la formación reside en el vacío que no debe cesar de encontrarse en lo que el analista instaura, corte que permite de no perder la posibilidad de acceso a lo real.

II) Trayecto singular
En donde mejor se evalua la formation, en su relación con la desidentificación, es a partir de las modalidades de vaciamiento de la falla que viene a escandir lo « de-menos » (en-moins, NDT) en el lugar del sujeto, en los trayectos singulares.

El llamado a testimonio es tentador, al menos en paralelo con los del procedimiento del pase como conteniendo un cierto valor demostrativo en cuanto a la producción del psicoanalista. Jacques-Alain Miller recordaba recientemente esta demanda que apunta a dar apoyos de este tipo para la garantía de las prácticas en las Escuelas. Sin considerar que es posible de responder a esto de manera satisfactoria, algunos elementos de trayectoria pueden ayudar a establecer temas. Haré aqui referencia entonces rápidamente a algunas particularidades del mío, no para ponerlo como modelo, sino simplemente porque esto me es posible.

Hubo para mí el encuentro con el destino médico, muy referenciado, y de su corrélativa imposibilidad, vinculada con la identificación impuesta. El psicoanálisis se présentaba como una posibilidad de desapretar esta identificación, con la ayuda de lo que llamaré la causa histérica. Fue una primera migración, justo al lado de la medicina, un punto de partida práctico permitiendo la entrada en la enseñanza de Lacan con Freud. ¿No sería  simplemente el remplazo de una identificación por otra? Valió la pena dejar el teatro de esos primeros pasos, primero para anlizarse, para iniciar una práctica luego, en lugares menos balizados, en contacto con algo más de ausencia.

El encuentro con la Escuela (la de Lacan, la École freudienne de Paris) encontró también su colmo de efecto de formación con su disolución, productora de estremecimientos mayores y de una experiencia única de encuentro con el Otro barrado : durante un tiempo no hubo otro recurso que la relación con la experiencia analítica y con la enseñanza de Lacan, sin mediación de ningún Otro encarnado que viniera a decir qué hacer.

La función de la prisa, la responsabilidad generalizada del sujeto, las decisiones tajantes y que comprometen sin escapatoria posible a todo aquel que se niega a ceder a la barahúnda, tales fueron algunas de las enseñanzas de la época en la trayectoria del todavía joven psicoanalista. El resultado de la disolución de la EFP permitió el encuentro con la función fundamental de la Escuela, en esas circunstancias, como lugar donde puede decirse lo que es el psicoanalista fuera de la identificación de cualquier sujeto con el analista, siendo el paradigma el analista de la Escuela (el AE). Hay varios, ninguno es el único, sino según las circunstancias. La Escuela fue la ocasión de formarse al hecho de no poder apropiarse el psicoanalista, a soportar el engaño del sujeto supuesto saber el tiempo que sea necesario.

III) ¿Cómo hacer con el psicoanalista?
Uno de los usos del trayecto es el del encuentro repetido de un imposible, que puede llevar a deducir un modo de presencia real y a apoyarse sobre este imposible para funcionar. La demostración del imposible de la identificación del psicoanalista permite de interrogar sin cesar el lugar y la función del psicoanalista. Que el psicoanalista no sea sujeto radicaliza la responsabilidad de este último, « siempre responsable » de su position según Lacan, fuera de lo que podría identificarlo. No apoyarse sobre el padre, sino servirse de él, describe un enfoque de la position del analista, que apunta el fuera-de-sentido (hors-sens, NDT), lo cual exige también de pasar por él, pero sin detenerse allí y sin omitir lo que hace agujero.

Los impases no deben ser evitados, tratándose más bien de alcanzarlos para apoyarse sobre ellos retomando una dirección inversa (« point de rebroussement », dice Lacan) (marcha atrás, NDT). Las suposiciones más diversas vienen a alojarse en el lugar del analista, y se trata de de permitir la decepción de esas identificaciones. El analista es un suerte de vehículo, no es posible de desplazarse sin un vehículo del que el analista no es el conductor, a menos  de considerar que lo que conduce es ante todo ese mismo vehículo, en su singularidad.

En el nuevo contexto en el que Jacques-Alain Miller nos a introducido desde hace algunos meses, el de la « reunificación », puede que sea posible de servirse de ese « nuevo Uno », para poner en escena un Uno plural, si así podemos decirlo, construyendo « lazos de separación » que permitan al sujeto de no cesar de encontrarse con su separación del goce que le concierne. Ese goce es el que es supuesto al amo, y que sin embargo no tiene lugar más que de la separación del significante S1. Tal podría ser una manera de situar, de dar una escena a la formación infinita del analista, como repetición incesante del desplazamiento metonímico.

Ya que lo que está en juego de la formación del psicoanalista no es sólo de hacer trabajar la cuestión « ¿qué es el psicoanalista? », sino también, concretamente, « ¿cómo hacer con el psicoanalista? », cuando deja suponer en su lugar al sujeto supuesto saber, sobre el fondo de un semblante de goce escrito por Lacan a, separado de ese sujeto. El analista se distingue del analizante en tanto que para aquel, el analista no es equivalente al sujeto supuesto saber. Esto conduce a la pregunta « ¿cómo hacer con el psicoanalista? » para el analista mismo.

Hay una proximidad de esta pregunta con la de una mujer: « ¿cómo hacer con la mujer que no existe? ». Se trata de hacer existir prácticamente un analista para un analizante, fuera de toda cuestión de cura-tipo.

Para concluir, diré que la formación del psicoanalista se transmuda fácilmente y sin transición hacia la de la déformación, según la felíz fórmula que recuerda Patrick Monribot. La creencia en el inconsciente que sostiene el trayecto analizante conduce a una caída de la creencia, a la cual se substituye una certeza, no ya de lo inconsciente, sino de un vacío en su lugar que debe ser real - un real que atesta de su presencia por medio de la certeza. Si esto se alcanza, no se puede cesar de formarse a reproducirlo.

 
Traducción: Eduardo Scarone
 

LAS ESCUELAS
DE LA AMP >>
EBP ECF ELP EOL NEL NLS SLP