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Acerca de la AMP » La Escuela Una
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COMITÉ DE ACCIÓN DE LA ESCUELA UNA
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La Escuela Una
 
EL AME Y SU RESPONSABILIDAD PÚBLICA EN LA ERA DE LAS PSICOTERAPIAS

Massimo Recalcati

1. "El diploma de psicoanalista no existe en ningun país del mundo", recordaba Jacques-Alain Miller.[18] Es cierto; eso continùa a no existir en lugar alguno puesto que su no-existencia concierne "la escencia misma del psicoanàlisis"[19]: el ser del analista no puede efectivamente ser garantizado por ningún título. El diploma de psicoterapeuta en cambio existe, y su existencia, en constante difusión en el mundo contemporáneo, constituye un verdadero punto de impacto para la existencia, no del diploma sino del psicoanalista y del porvenir del psicoanálisis como tal.

2. El diploma de psicoterapeuta amenaza la ética analítica de la formación porque cancela el real en juego y somete la formación a los criterios universitarios del aprendizaje progresivo y linear de una serie de técnicas y saberes codificados que prescinden de la relación del sujeto con lo real. La vía de la formación resulta de este modo aplastada por el standar curricular y su perspectiva ética reducida a mero adiestramento profesional. El diploma de psicoterapeuta existe y exime socialmente de la puesta en juego subjetiva. Una nueva pedagogía se impone en el campo de la clínica llamada "psicológica": pragmatismo y eclecticismo son sus pernos. En la proliferación contemporánea de las Escuelas de Psicoterapia, esta combinaciòn metodológica de pragmatismo y eclecticismo confina el rigor de la formaciòn analítica al ámbito de una arqueología . Se impone más bien una pedagogía de lo útil, precisamente: pragmática y ecléctica. Pragmática: pues es verdadero aquello que es eficaz. El criterio de la eficacia es, tendencialmente, en la pràctica clínica, el de la rehabilitaciòn de las capacidades debilitadas o perdidas. Ecléctica: pues no està en juego la verdad de una doctrina sino solamente su eficacia, se conciben las doctrinas como instrumentos polivalentes que pueden revelarse útiles en los contextos contingentes. El alumno de las Escuelas de Psicoterapia elige efectivamente cada vez más en base a la utilidad: adquirir en el menor tiempo posible el dominio del saber y de las técnicas a aquel vinculadas, lo suficiente para garantizar el ejercicio de la profesiòn. La profesionalidad reduce a su vez la ética a una cuestiòn deontológica: el riesgo del acto deja lugar al conformismo de adecuarse a códigos de comportamiento definidos. Esta perspectiva pragmático-ecléctica ofusca y restringe dramáticamente el horizonte cultural e intelectual de la formación a la de aquello que aparece como inmediatamente (imaginariamente) más útil, o, lo que es lo mismo, a la suficiencia del savoir-faire. El culto contemporàneo a la competencia especialística confirma este achatamiento del espesor cultural de la formación. La insistencia de Freud y de Lacan sobre la necesidad de complejizar y mantener lo más amplio posible el horizonte cultural de la formación analítica, viene simplemente archivada ( datada históricamente ) en una època en la que – como ya lo ha indicado Heidegger en La era de la imàgen del mundo - domina el fantasma de la especializaciòn técnico-científica. El diploma mismo en psicoterapia es percibido como genérico y ajustado siempre más al pragmatismo de las especializaciones.

3. La era de las Psicoterapias y de las Escuelas de Psicoterapia exige una radicalización del modo de entender la función del AME. Cuando Lacan escribìa la Nota a los italianos (1973) lo animaba la exigencia de salvaguardar el rigor ètico de la formación del analista contra el riesgo de entificación ontológica en una nominación "realística". El vértice teórico de la Nota a los italianos se puede efectivamente resumir como orientado por una tendencia al vaciamento crítico del título de AME en función del de AE. La "cifra irónica" 3 que Lacan le confiere respondía a una doble necesidad. Primera necesidad: impedir que el analista sea definido a partir de una consistencia de ser , para en cambio mantener esa su función en relación a un vacío radical de garantía y, segunda necesidad, impedir que desde el interior mismo de la Escuela se produjera un fenómeno de jerarquización institucional sobre el modelo de la IPA, donde el título adquirido consolida un poder institucional inerte y burocrático. Por estas razones la piedra basal de la Nota a los italianos sigue siendo aquella del AE como factor de descompletamiento (y de subversión) del supuesto ser del analista encarnado en el AME.

El AME en la época que precede la difusión masiva de las psicoterapias, puede por lo tanto ser objeto de ironía, puesto que el verdadero problema era para Lacan el de medir el efecto Thanatos de la nominación que, en la medida en que selecciona "los mejores" amenaza momificarlos en cuanto "productos finales", privados, literalmente, de vitalidad. El AE en cambio emerge en este contexto como un correctivo -el correctivo fundamental- que, contra el riesgo de "autorizaciòn" del analista, refiere su ser al resto. [20] El AME como "producto final" de una formaciòn, como "analista experimentado", come "practicante confirmado", es sometido al "factor AE" como tratamiento a la ilusiòn ontològica de la nominaciòn y la identificaciòn sustancial a la insignia. En efecto, el analista opera solo como resto, como palea, como semblante del objeto a , consecuentemente como "lo peor" , radicalmente privado de sustancia, y no como alguien seleccionado entre los" mejores" a partir de cualidades personales reconocidas pùblicamente. En este sentido el trabajo irònico de Lacan a propósito del tìtulo de AME y la posición basal y fundante que asigna al AE conservan su vigencia y se muestran aún absolutamente vitales. Sin embargo, no es menos cierto que el contexto de la Nota a los italianos no es el de hoy. En el mercado actual de la formación -donde el eclecticismo se configura en una versión clínico-científica del cinismo contemporáneo – el título de AME cobra la dimensión de una inactualidad subversiva. El AME es escencialmente un producto, una objetivación de la Escuela que interviene para representarla en el discurso social. Actualmente la ironía que lo inviste se produce o se irradia difusamente ya nó desde el discurso analítico sino desde el discurso universitario, el cual no alcanza a absorber, en la concepción misma de la formación como pura adquisición de dominio técnico, el escándalo del encuentro subjetivo con lo real y la contingencia ligada al vacío de la garantía que son el corazón de la formación analítica. El énfasis en la seriedad ética y clínica del título de AME debe hoy ser recalibrada e imponerse como punto de resistencia respecto a la hegemonía del discurso universitario en el campo de la formación. El "nuevo AME" [21] está llamado a dar testimonio en el dominio público del valor ético y clínico de la función analítica dispensada por las Escuelas del Campo freudiano. Especialmente en la época en que el cinismo contemporáneo promueve la utilización perversa del tema de la ausencia de garantía también en materia de "formación". Es la distorsión radical que afecta en la actualidad conceptos lacanianos como "inexistencia del Otro" o el de "autorizarse de si mismo". En nuestros días es el criterio legalista el que considera la formación como cerrada sobre la adquisición de un título "universitario" que halla en el Estado el Otro de la garantía y que termina por combinarse de modo profundamente perverso con aquel de autorizarse de si mismo. Este acoplamiento inédito entre una autorización que depende del Otro pero que termina por replegarse al autorizarse de hecho "de si mismo", es otro de los índices del nuevo campo de la formación. Mientras para Lacan el autorizarse de si mismo implicaba el Otro de la Escuela y por lo tanto una modalidad de exposición del sujeto con una verificación permanente de su acción como practicante, en la actualidad social es el Otro del Estado el que autoriza perversamente a autorizarse a si mismo. Por lo que, una vez obtenida la garantía del Otro, esta autorización de si mismo pierde toda conexión estructural con el Otro.

La era de las psicoterapias, la era del dominio en la clínica del paradigma pragmático-ecléctico, es una manifestación degradada de la inexistencia del Otro. Asistimos a un uso cínico de la ausencia de garantía. El recurso a una inconsistencia del saber (que por otro lado impregna como es sabido toda la epistemología contemporánea) tiene su correlato en la clínica de las psicoterapias bajo la forma de una reducción de todo aquello que adviene en una cura a ser efecto del susodicho "modelo" - o paradigma de referencia- implementado por el operador en la cura. Esta identificación de la praxis al "modelo teórico" pulveriza el encuentro con lo real, lo vuelve totalmente evanescente diseminándolo en el relativismo de las doctrinas.

Helos aquí perfilarse, Escila e Caribdis de una política lacaniana de la formación en nuestros días: cómo redefinir el título analítico del AME (como tal representante de la Escuela en el discurso social) sin olvidar los riesgos de una ontologización y teniendo en cuenta la exigencia ética, que la política de la Escuela pueda sostener con eficacia "pública" la causa analítica? El nuevo AME no implica acaso otro modo de entender el dar testimonio? No ya aquel del inconsciente referido por los AE a la Escuela en el momento del pase, sino además el que se deposita en el trabajo cotidiano , en la escritura, el compromiso intelectual, en la enseñanza, en la presencia activa al interno de la Comunidad analítica.

No está acaso el AME llamado hoy a una nueva seriedad ética? Si la permanencia del título implica como tal la posibilidad de su reificación - la "forma" amenaza cristalizarse, asumir la inmutabilidad teológica del alma como causa formal (es el juego de palabras producido por Lacan con el término français "âme") - actualmente ella debe llegar a reivindicar un valor ético. En efecto, el proceso de formación y sus efectos son testimoniados por el AME no solamente en el après-coup (se obtiene el título sin demandarlo y obtenièndolo el propio recorrido de formación es ratificado simbólicamente por el Otro de la Escuela como tal: hubo formación analítica), pero también en su devenir contínuo, o en el testimonio de la Escuela que el AME debe poder dar en la dimensión llamada "pública" de la razón.

En este sentido, la garantía implica no tanto una nominación cerrada sino una dialéctica abierta entre la Escuela que garantiza el AME y el AME mismo que, en su testimonio permanente debe garantizar la Escuela en su relación con la causa analítica.

 
Traducción: Laura Rizzo
 

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