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Usos de las neurociencias para el psicoanálisis [1]
por ERIC LAURENT
 
 

François Ansermet y Pierre Magistretti han conservado la homonimia propuesta por Eric Kandel entre la huella que deja una experiencia de aprendizaje asociativo en el sistema nervioso y las huellas de las que habla Freud en su "Proyecto de psicología científica". Sin embargo, ellos imprimen una torsión esencial al modelo de Kandel en la medida en que ponen menos el acento en la inscripción que en los procesos de consolidación y reconsolidación constantes que revelan la propiedad de plasticidad del sistema nervioso. Subvierten así el modelo Kandel al incluir con la noción de huella las estimulaciones procedentes del interior del cuerpo, que convierten al cerebro en el órgano de homeostasis de las sensaciones, ya provengan del cuerpo o del exterior.
Ellos sostienen la posibilidad de dar cuenta de los hechos psíquicos tomando como base la asociación de huellas que la experiencia deja en el sistema nervioso así concebido. Sin embargo, subrayan que el fenómeno subjetivo no puede reducirse a una cartografía del estímulo y el comportamiento. Ponen de relieve la diferencia esencial introducida por la reasociación constante entre huellas que lleva a la producción de lo único, de lo que cada vez es diferente en la medida que los estados del cerebro varían en el curso del tiempo. Generalizan este enfoque tomando en cuenta los mecanismos epigenéticos. De ahí sus fórmulas: "El individuo se revela genéticamente determinado para no estar genéticamente determinado"[2] y "la plasticidad permite explotar al extremo el espectro de las posibles diferencias dando lugar a lo imprevisible en la construcción de la individualidad, y considerando al individuo como biológicamente determinado para ser libre, es decir, para realizar una excepción".[3]
Así sería posible dar cuenta de la conexión del sujeto que habla con el funcionamiento de la actividad biológica como tal, del cerebro y del cuerpo, a partir de las neurociencias, de las paradojas del sistema de aprendizaje y de las huellas que deja y, en última instancia, a partir de las leyes de la física.
Este es el punto que deseo interrogar. De entrada subrayaré que el proyecto freudiano de "psicología científica" se construye a partir del estado de la neurología a finales del siglo diecinueve. La teoría de la inscripción en el sistema psíquico de una "facilitación", que una descarga y la experiencia de satisfacción que constituye producen, es una buena solución. Una cantidad Q busca descargarse circulando en el sistema nervioso hasta las vías eferentes. Pero la energética de Freud es problemática de entrada porque la cantidad en la que piensa está marcada por una especificidad que es irreductible a las cantidades biológicas como tales. Está reservada a las experiencias que competen al dominio sexual construido por Freud. La libido es una cantidad postulada como constante en las operaciones de desplazamiento, condensación, represión, que marcan a las representaciones de lo sexual en la actividad psíquica. Ella da cuenta también de los fenómenos de exceso o de falta de presencia de representaciones en las diferentes patologías. Los mecanismos de coacción obsesivos están señalados con un exceso, con un "plus" radical, mientras que el fading de los mecanismos histéricos remite a un menos, a una falta que es asimismo fundamental en la experiencia de satisfacción. A medida que se desarrolla la obra de Freud, el modelo del principio de placer concebido como descarga de la libido postulada se pone cada vez más en duda. Con la hipótesis del "más allá" del principio de placer, se consuma la ruptura con los mecanismos biológicos supuestos en el Proyecto[4] y El malestar en la civilización[5] lo que afirma que es en la articulación con lo social donde hay que dar cuenta de un imposible de la descarga, de lo imposible en el seno mismo de la satisfacción sexual. Se pasa, a lo largo de la obra, de la referencia a la biología a la hipótesis de una antibiología donde la articulación del cuerpo con lo social implica la articulación esencial con una muerte que ya no es aquella de la que la biología da cuenta. El psicoanálisis no compete más a la perspectiva de una psicología a lo Helmholtz, compatible con las leyes de la física.
De esto toma acta después de la guerra Jacques Lacan en su "Acerca de la causalidad psíquica". Él rechaza localizar en el sistema nervioso la génesis del trastorno mental en la medida en que lo mental compete a una dimensión distinta que la del espacio de la física. Esta posición es, en cierto sentido, cartesiana en la medida en que rechaza confundir la sustancia pensamiento y la sustancia extensa. Pero se trata de un Descartes pasado por Husserl y sus Meditaciones cartesianas, completamente marcado por la fenomenología. Jacques-Alain Miller subraya en un comentario de este "Acerca..."[6], la importancia de la oposición entre la noción de "actividad psíquica" descrita por el neuropsiquiatra y la función subjetiva marcada siempre por el fallo, el defecto, la falta. Lacan opone a "la actividad psíquica, repetición del funcionamiento neuronal", la "cadena bastarda de destino e inercia, de golpes de dados y estupor, de falsos éxitos y encuentros desconocidos que constituye el texto corriente de una vida humana".[7] Del mismo modo, más aún que en la neurosis, fenómenos clínicos de la psicosis como la alucinación no ponen solo en juego una sensorialidad sino una significación personal que apunta al sujeto. "La locura es vivida íntegra en el registro del sentido".
Desde que el hombre habla, está sometido a la cuestión de su verdad y sus identificaciones más íntimas responden a las paradojas de su vínculo con lo que dice y lo que se le ha dicho. La materialidad del inconsciente no está hecha de aprendizaje sino de cosas dichas al sujeto que le han hecho daño y de cosas imposibles de decir que le hacen sufrir. De esta manera se plantea, para fundar la psicología, la oposición entre los principios de funcionamiento del sistema nervioso, que competen a las leyes de la biología y la física, y el registro de una causalidad distinta. La memoria inconsciente parasita al viviente y altera su potencia. Esta es la apuesta de la lectura retroactiva del "Proyecto de psicología", texto inédito en vida de Freud, cuya publicación tuvo lugar en 1951. El texto será leído con pasión en el movimiento analítico, tanto en los círculos de la Egopsicología, alrededor de Ernst Kris, como alrededor de Lacan. Eric Kandel, que frecuentaba a la familia Kris, sacará fruto de sus lecturas freudianas. Llevará a cabo el proyecto del colega de Kris, Heinz Hartmann, que deseaba que el psicoanálisis entrara en la psicología general. Kandel lo hace entrar en la neurología general. Lacan leerá el "Proyecto" en términos del funcionamiento de una memoria particular. No la vinculará con fenómenos de facilitación sino con fenómenos de imposibilidad de trayectos. La cibernética de la época le proporciona recursos para situar los callejones sin salida del funcionamiento de esta memoria. Jean-Pierre Dupuy ha observado bien que "Lacan... se interesaba por ejemplo, como dijimos, en la teoría de los circuitos cerrados reverberantes que McCulloch había tomado de Lawrence Kubie, y conocía los trabajos del neuroanatomista británico John Z. Young cuyo objetivo era probar esta teoría en el pulpo".[8] Lacan rompe el vínculo directo con la analogía de las huellas neuronales, al considerar que las "huellas" freudianas no se inscriben en el sistema nervioso y "son significantes" Deben vincularse al sistema del viviente. La solución original que propone es que esto se produce a través de puntos de imposible. El viviente sobre el que se conecta el sistema simbólico como un parásito produce lo imposible de representar.
La primera consecuencia es que nunca hay una representación unificada del sujeto de la experiencia de goce. No puede decirse todo su real, como la verdad no puede decirse toda. Esta perspectiva se opone al punto de vista cognitivo según el cual la relación del individuo con su cuerpo y con el mundo logra unificarse. Puede ser bajo una forma análoga al "sentido común" aristotélico, como sostienen Stanislas Dehaene[9] o Antonio Damasio[10] que exploran los fundamentos biológicos del "conocimiento de sí";[11] puede ser también a través de la multiplicidad modular propuesta por Daniel Dennet[12] que critica radicalmente toda perspectiva unificadora. Lo importante es que la "actividad psíquica", unificada o no, responde a las necesidades del cuerpo viviente. Ahora bien, para el psicoanálisis, nada asegura esta adecuación entre el cuerpo y el sujeto. Incluso el acceso a la imagen del cuerpo no anula la fragmentación inicial de la relación con el cuerpo, la experiencia del cuerpo fragmentado. Sin embargo, esta imagen es tan unificadora y fascinante como testimonia nuestra sociedad de las imágenes al explotar los recursos de la fascinación de todas las posibilidades. El descubrimiento de las neuronas espejo ha permitido pensar una extensión aún mayor de los poderes del campo imaginario.[13] Por lo mismo, en el plano no ya de la imagen sino del significante "lejos de que haya una función de síntesis mental total, la integración siempre es parcelaria, y lo que llamamos sujeto es precisamente lo que resulta parcelario de esta integración",[14] falla sin lesión, el otro parcial, lo imposible de totalizar.
¿Qué puede autorizar al cognitivismo a emitir la seguridad de una representación exhaustiva de la actividad psíquica cuando esta última escapa a un saber comprensible? La introducción por parte de Chomsky de la noción de "regla desconocida" da cuenta de las aporías propias al aprendizaje del lenguaje. Partiendo de la imposibilidad de que un sujeto aprenda una lengua a partir de lo que ha oído, propone, contra las hipótesis del aprendizaje asociativo, un corte radical. Para la tradición del aprendizaje asociativo, que invoca Kandel, "el cerebro es maleable. Se reconfigura a sí mismo para adaptarse a la experiencia. No existen órganos de aprendizaje específicos a los temas tratados, que calcularían representaciones de diferentes aspectos del mundo a partir de diferentes aspectos de la experiencia del animal..." Chomsky ha sugerido que, por el contrario, el aprendizaje pasaría por órganos de aprendizaje distintos, dotados cada uno de una estructura que les permite aprender una clase particular de hechos contingentes a propósito del mundo. Los hechos no contingentes, es decir, las verdades universales, no se aprenden; están implícitos en la estructura de los órganos de aprendizaje, punto de vista extraño a la concepción asociativa del aprendizaje (Hawkins y Kandel, 1984)".[15] El órgano especializado "aprende" y se considera que el sujeto sigue una regla que le es desconocida, embedded.
Como ha subrayado bien Jean-Claude Milner,[16] el cognitivismo ha procedido a generalizar esta noción de "regla desconocida". Esta concepción se opone de manera radical al carácter explícito y declarado de la regla, que es esencial para Wittgenstein.[17] Entre parecer obedecer a reglas y conformarse a leyes objetivas la oposición es total. La concepción modular de la mente, propuesta por Jerry Fodor después de que David Marr despejara el módulo de la visión, cumple el pasaje de la concepción computacional de Chomsky a una concepción cómputo-representacional de la mente.
Estas dos concepciones se separan radicalmente en el punto de las relaciones del lenguaje con el mundo. Para Chomsky, el lenguaje "no habla del mundo". Las palabras están en sí mismas desprovistas de referencia. No hay inscripción de la referencia porque es una acción realizada por agentes humanos. Como dice Pierre Jacob: "A diferencia de lo que sabe un ser humano, lo que hace está, según Chomsky, destinado a permanecer como un misterio. La gramática generativa ha abierto la vía a la comprensión científica de un aspecto de lo que sabe un ser humano: su facultad de lenguaje. Pero un foso epistémico separa los problemas planteados por la comprensión de lo que sabe y los misterios que suscita la explicación de una acción intencional... La libertad confiere a los actos de referencia (y a lo que Chomsky llama el "uso creativo del lenguaje") el estatuto de un misterio y no de un problema científico".[18]
Por el contrario, "según la teoría cómputo-representacional de la mente, pensar no es siempre una acción intencional: el proceso cognitivo que transforma mi percepción auditiva del estímulo en representación conceptual de perro ¾ es decir, la ocurrencia de mi símbolo mental F ¾ es independiente de cualquier intención de hacer referencia a un perro".[19] Esta afirmación barre la objeción de Searle[20] sobre la necesidad de admitir que la regla pueda ser conocida. Subrayemos que la multiplicidad modular que esta concepción autoriza prolifera ahora de tal manera, que la concepción busca su navaja de Occam; el mismo Fodor considera que actualmente el modularismo se ha vuelto loco, "modularismo gone mad".[21]
La teoría cómputo-representacional de la mente, contrariamente a Chomsky, desea crear un puente entre la psicología ingenua y los modelos computacionales de las ciencias cognitivas. Quieren funcionar como leyes que sirvan como puente de unión entre las causas y el mundo de las razones, entre la física y la psicología. Esto es lo que rechaza Chomsky, y también Donald Davidson al subrayar que, si solo hay una sustancia, hay que reservar al campo psíquico, regido por razones, un carácter "sin ley". Él define su posición como un "monismo anómalo". Yo desearía poner en serie, esclarecer a cada uno por el otro, con sus diferencias radicales, las tres posiciones de Chomsky que respetan los misterios del "sin ley" de la acción humana, lo anómalo de Davidson y el abordaje que Lacan hace en psicoanálisis de lo real por lo imposible. Lacan seguirá esta vía hasta hablar de un real "sin ley".
La tentación, en el enfoque cognitivo del campo psíquico, es borrar esta relación imposible. Opera de dos maneras distintas: por un lado, con la teoría de los juegos intenta producir una teoría de la decisión gobernada por un principio de utilidad máxima "según la cual el agente elige, entre las acciones que se le ofrecen, la que con probabilidad le garantizaría una mayor utilidad... ponderada por las probabilidades subjetivas de las cuales presenta la eventualidad de las consecuencias de sus diferentes acciones".[22] Por otro lado, al rechazar la sola consideración de los procesos de pensamiento optimizante se querría reducir al sujeto a la sola consideración de las determinaciones de su actividad como organismo viviente. Esto sería operar una naturalización de los procesos psíquicos en su conjunto.
Querría oponer a la tentación de esta naturalización, las objeciones que W.V.O. Quine le ha dirigido a lo largo de su obra.
Sandra Laugier ha definido muy bien la estrategia antipositivista multiforme del gran filósofo analítico: "En ‘Dos dogmas del empirismo’ (1953), Quine critica uno de los fundamentos del empirismo lógico, la analiticidad (en el sentido definido por Frege, y después por Carnap, como verdad fundada sobre la lógica de las convenciones lingüísticas), y propone borrar la distinción entre los enunciados empíricos y a priori, estos últimos independientes de la experiencia. En 1960, llega aún más lejos con su célebre tesis de la indeterminación de la traducción radical, puesto que destruye la idea de significaciones comunes a lenguajes diferentes al afirmar que un lingüista, en una situación de traducción radical (sin contacto previo, ni comunidad, entre su lengua y la lengua indígena), puede elaborar manuales de traducción contradictorios y compatibles con los datos, ya que no hay nada sobre lo que el traductor pueda tener razón o equivocarse".[23] En su Ontological Relativity, de 1969, Quine procederá a una desnaturalización radical.
Por supuesto que la tesis de la indeterminación de la traducción ha recibido múltiples interpretaciones. Se opone a la traducción positivista de Carnap. Esta tesis no dice que la traducción sea imposible, dice que no es demasiado posible. Traducciones hay demasiadas sin que podamos verdaderamente seleccionarlas. Más profundamente, la tesis destruye el mito de la significación porque la traducción no se agota nunca. No nos hace salir de nuestra lengua ni del sentido. Toda operación de traducción, todo pasaje entre lenguas, mundos distintos, supone confrontarse con lo inconmensurable, en el interior mismo del sistema de referencia. Nos confronta al oxímoron de una pérdida por exceso. Nos revela que no hay "exilio fuera de la cultura aprendida" y de su lengua. Esta perspectiva vuelve caduca la perspectiva del ajuste sin solución de continuidad y retraducción de los signos en mundos o "marcos simbólicos sucesivos". La verdad es completamente inmanente a la actividad de traducción, "no hay verdad extrateórica, no hay verdad más elevada que la verdad que reivindicamos o a la que aspiramos, luchando, interiormente, con nuestro sistema del mundo".[24]
En esta concepción de Quine, el lenguaje no está a un lado y la experiencia del mundo al otro. Cualquier certeza sobre el mundo pasa por el lenguaje, pero se obtiene a través de una experiencia. "Quine reemplaza progresivamente la analiticidad, que critica en ‘Dos dogmas...’, por un concepto social, fundado en el aprendizaje [de la lengua]".[25] La analiticidad de un enunciado no radica en que sea independiente de la experiencia: un enunciado es analítico si cada cual aprende que es verdadero al aprender las palabras de la lengua. Quine llega a dar una definición del gradiente entre los enunciados empíricos y los enunciados analíticos que es muy convincente para el psicoanálisis: "Cada uno de nosotros aprende a contar ciertos enunciados como verdaderos; hay enunciados cuya verdad es aprendida por muchos, y otros cuya verdad es aprendida por pocos o ninguno: los primeros son más analíticos que los últimos. Los enunciados analíticos son aquellos cuya verdad se aprende por todos; y estos casos extremos no difieren de manera notable de sus vecinos, y no siempre podemos decir cuáles son".[26] La lengua como clase social es nuestra única naturalidad.
Compararé las relaciones del sistema simbólico y la experiencia del goce en psicoanálisis, y la concepción quineana. En términos lacanianos, hay un real que nunca encuentra su traducción simbólica última. Él insiste. El sujeto encuentra el goce de manera contingente. Es un real en el que cree, que plantea como exterior a él en la construcción de un fantasma; este fantasma es una especie de sistema teórico a través del cual el sujeto se conecta a la experiencia de goce. Sublimar o compartir el fantasma es del mismo orden que la construcción quineana: cada cual encuentra de manera contingente algunas palabras o ciertos enunciados que están vinculados a su goce. Hay enunciados fantasmáticos que son compartidos por muchos, otros, por pocos o por ninguno. Los primeros están más sublimados que los últimos. Algunos rasgos más íntimos de las experiencias de goce de los grandes artistas son compartidos por casi todos. Son sublimados.
Un ejemplo de encuentro entre un enunciado y una experiencia de goce nos lo proporciona un recuerdo preciso que cuenta Michel Leiris. Es un recuerdo-pantalla publicado al comienzo de su gran obra "La edad del hombre" en Biffures. Señala su relación con la felicidad [bonheur], o más exactamente, con la desgracia [malheur] y las mujeres. Mientras está jugando a los soldaditos en la misma habitación que su madre un soldadito, que él quería especialmente, se cae. Lo coge al momento, y exclama "lizmente" ["reusement"]. Su madre le reprende de inmediato: "No se dice ‘lizmente’, se dice ‘felizmente" [hereusement]. Se sabe que Leiris nunca tuvo una relación sencilla con la felicidad. Empezó un psicoanálisis en el decurso de una tentativa de suicidio particularmente severa tras una noche complicada con Georges Bataille. Por otro lado, construyó una literatura de un estilo admirable, marcada por una claridad rigurosa. No permitió más que alguien le reprendiera sobre el uso; se convirtió en el amo. El estado donde el lenguaje señala el límite imposible de franquear respecto al origen del anudamiento entre simbólico, imaginario y real corresponde a un lenguaje anterior a los usos devenidos rutina del "buen uso" que puede aprenderse. A este estado del lenguaje Lacan lo llama "lalengua", con una sola palabra, que señala la relación más privada, más íntima con la lengua. Es la resonancia que la lengua tiene para cada uno en el interior mismo de la lengua pública que utiliza. La realidad psíquica es la de lalengua, punto de real donde se anudan lengua pública y lengua privada. La contingencia del encuentro que crea lalengua es el fundamento de la actividad interpretativa del psicoanálisis siempre contingente.
No hay que creer que se puede simplemente denunciar los semblantes que constituyen el sistema de referencia de la lengua pública y contentarse solo con los elementos fragmentados que constituyen el fantasma privado para alcanzar directamente le goce. Eso sería lo que Lacan llama un punto de vista "cínico": la denuncia de los semblantes de la lengua pública en nombre del goce de la lengua privada. Corresponde a lo que sería en el plano de la ontología una posición radicalmente escéptica. De hecho, para que el escepticismo sea defendible, supone saber que solo el saber puede llevar a él. "La ciencia misma nos enseña que no hay conocimiento absoluto".[27] La teoría del conocimiento tiene su origen en la duda pero el conocimiento también produce la duda: "El escepticismo es un producto de la ciencia".[28] Creer y saber tienen dos gramáticas lógicas, de empleos distintos. Sin embargo, el saber no elimina el registro del creer, como el final del artículo de Quine sobre los "Dos dogmas del empirismo" demuestra brillantemente.[29]
Como el aprendizaje del lenguaje repite el aprendizaje de la ciencia, para Quine, cada uno continúa indefinidamente aprendiendo su lenguaje y revisándolo. En el fantasma opera una lógica del mismo orden. El saber del fantasma no cesa de apuntar al fracaso del sistema simbólico en relación al goce. Pero no hay otro acceso.
Solo a la salida de un análisis se aíslan los elementos del fantasma privado, con lo que tienen de más real. El trayecto no puede evitarse. Para poder dirigirse al partenaire, el sujeto le presta sentimientos, creencias, expectativas de reacción a lo que dice y desea actuar sobre las creencias y expectativas que anticipa. En los intercambios entre analizante y analista, no solo está en juego el desciframiento del sentido. Está la intención del que dice. Se trata de recuperar algo perdido con su interlocutor. Esta recuperación de objeto da la clave del mito freudiano de la pulsión. Funda la transferencia que anuda a los dos partenaires. La fórmula de Lacan según la cual el sujeto recibe del Otro su propio mensaje en forma invertida incluye el desciframiento y la voluntad de actuar sobre aquel a quien uno se dirige. En última instancia, cuando el analizante habla quiere, más allá del sentido de lo que dice, alcanzar en el Otro al partenaire de sus expectativas, creencias y deseos. Apunta al partenaire de su fantasma, sin que pueda alcanzar un goce que sería el bueno. El descubrimiento del psicoanálisis es ante todo el de la impotencia del sujeto para lograr la plena satisfacción sexual. Esta impotencia se designa con el término de castración. Más allá, el psicoanálisis, con Lacan, ha formulado la imposibilidad de que haya una norma de la relación entre los sexos. Si no hay la satisfacción plena y no hay norma, queda a cada uno inventar una solución particular que se apoye en su síntoma. La solución puede ser más o menos típica, apoyarse más o menos en la tradición y las reglas comunes. Puede, por el contrario, ser signo de ruptura o de cierta clandestinidad. La relación entre los sexos no tiene una solución que convenga "a todos". En este sentido, está marcada con el sello de lo incurable, y siempre será fallida. El sexo, en el ser hablante, compete al "no todo".
A partir de este punto, Jacques-Alain Miller subraya la dimensión original de lo real en Lacan. "Lacan había aproximado una especie de primer real, que formulaba: "No hay relación sexual". Al decir esto, aislaba ya un rasgo que contravenía la idea de que hay saber en lo real…Lacan traducía la ausencia de relación sexual, en el hombre, en la especie, como un desgarrón de lo real, como un agujero en lo real: "Freud sitúo que lo que llama la sexualidad hace agujero en lo real".[30]
El no todo, lo imposible, el agujero, marcan la situación de lo simbólico en su relación con el cuerpo y definen el campo de lo real y la experiencia de goce. El uso que el psicoanálisis puede hacer de las neurociencias debe tenerlo en cuenta. Hay un uso inmediato de los diferentes enfoques de las neurociencias por parte de los psicoanalistas que cierra el agujero de la experiencia de goce. Vemos un uso inmediato cuando Mark Solms afirma: "Las cartografías neurológicas recientes se adecuan a la descripción que hizo Freud. La región central del tronco cerebral y el sistema límbico ¾ responsable de los instintos y las pulsiones ¾ se corresponde con el ello de Freud. La región frontal ventral que controla la inhibición selectiva, la región frontal dorsal que controla los pensamientos conscientes, y el córtex posterior que percibe el mundo exterior, corresponden al yo y al superyó".[31] Hay un uso inmediato cuando la corriente actual de la Egopsicología propone repensar el psicoanálisis a partir de la conciencia. Con el título "Un eslabón que falta en la técnica psicoanalítica",[32] el Sr. Busch se asombra de que la conciencia, que resulta tan interesante para las neurociencias, no interese a los psicoanalistas. Quiere remediarlo: "Sostengo que en cada interpretación en la clínica analítica, hay una definición implícita de la conciencia psicoanalítica. Cada vez que interpretamos algo desconocido a un paciente expresamos nuestra creencia de que se la puede conocer[33]. Me parece incluso que el uso directo que hace Daniel Widlocher de los trabajos del cognitivismo emocional, en particular de los del Sr. Damasio, para fundar su ontología de la significación está sujeta a caución. "El afecto no se sitúa con facilidad de manera directa en la intimidad de la sesión. [...] Pero, ¿de qué afecto hablamos? ¿De los que deberían señalar cada uno de los estados mentales que se suceden en el curso de la sesión, de los que están listos para surgir de la evocación de tal o cual cadena asociativa [...]?".[34] El "doble trabajo de ubicación del afecto en la psique del otro y en la propia" que se propone describir lleva directamente al "mapping" emocional.
La utilización directa de las neurociencias es siempre susceptible de remitirse a un uso metafórico o de hacer funcionar al psicoanálisis como un metalenguaje y el Sr. Lionel Naccache[35] expuso criticas muy pertinentes de las tentativas de usos directos desde esta perspectiva.
Yo propongo más bien, para el psicoanálisis, un uso mediato de las neurociencias, mediatizado por una de las consecuencias casi inmediatas de los aportes de las neurociencias como los medicamentos. Si uno cree el informe publicado hace poco por The Academy of Medical Science, comentado en The Economist, los trabajos que acabamos de escuchar hoy al Sr. Le Moal sobre "Los procesos oponentes" o sobre "Addiction and the Brain Antireward system", los de la Sra. Alberini sobre "La consolidación y la reconsolidación de las huellas" están a punto de unirse a otros trabajos de farmacodinámicos sobre los derivados del glutamato. Quieren dar a luz una nueva generación de medicamentos que prometen fijar mejor los recuerdos o, por el contrario, deshacerlos, a condición de aceptar la sinonimia entre la consolidación/reconsolidación de la huella y la fijación/olvido del recuerdo".[36]
Ya en febrero Alex Berenson rendía cuenta en el New York Times[37] de los trabajos del Dr. Schoep que trabajaba desde hace más de diez años sobre el glutamato después de estar enamorado, como él mismo dice, de la dopamina. Trabajó mucho tiempo para Eli Lily, pero en 2007 entró en Merck, que le ofrecía más medios para pasar a los ensayos previos a la puesta en el mercado. En un momento en que la dopamina seduce menos, el glutamato permitirá producir nuevos medicamentos. Esta esperanza se anuncia con el ataque a los efectos de la fluoxitina o de los antidepresivos de la misma familia en el estudio de Eric Turner, de la Universidad de Oregón, publicado en enero de 2008 en el New England Journal of Medicine. La eficacia de los medicamentos puede atacarse con los resultados de los meta-análisis, cuya metodología no es impecable. Se queda uno estupefacto al comprobar como los psicotropos, una vez producidos, son amados, adoptados, utilizados con pasión por fuera de las indicaciones que les son asignadas. Todo el mundo se acuerda del acento entusiasta de Escuchando al Prozac de Peter Kramer (1994) o, más moderadamente, de la dependencia que describe Elisabeth Wurtzel en su novela autobiográfica Nación Prozac (2001). Los sujetos se hacen con estas sustancias y las convierten en su objeto de auxilio, de adicción o de uso moderado. En relación a que esto ocurra precisamente con el Prozac o los medicamentos de la disfunción eréctil o los estimulantes de la atención, el uso "off label" testimonia sobre cómo el medicamento, por sus múltiples usos, es un instrumento de exploración del cuerpo y de su goce. Por su capacidad de deriva son utilizados, se inscriben en nuestras vidas, unbedded. La revista Nature ha lanzado, en el primer trimestre de este año, un estudio informal sobre el uso de la Ritalina entre sus lectores: de los 1400 lectores que respondieron, 1 de cada 5 declaró que había utilizado Ritalina, Provigil o betabloqueadores por razones no médicas. The economist,[38] de orientación liberal, piensa que no es necesario regular demasiado estos usos desviantes. Después de todo, escriben los reporteros, "las variaciones genéticas entre individuos están asociadas a niveles diferentes de memoria de trabajo. Los que utilizan Ritalina o Provigil quizás han descubierto que experimentan, de manera legítima para ellos, pero por razones aún desconocidas, la necesidad de esta sustancia". Mediante argumentos epigenéticos, encuentran también la particularidad de cada sujeto, incluso su unicidad, que François Ansermet y Pierre Magistretti situaban en la plasticidad del sistema nervioso. El uso mediato de las neurociencias es el que aún asegura el mayor grado de libertad al sujeto y al psicoanálisis para dar cuenta de lo que se presenta siempre como huida, deslizamiento, desviación en la experiencia de goce del sujeto. El uso de las neurociencias por parte del psicoanálisis es también el que hace el psicoanalizante. Él también lo dirige al psicoanalista haciendo un uso metafórico de los aportes teóricos de las neurociencias. Los inscribe en su lengua propia. Por otra parte, hace una experiencia y no un aprendizaje de los objetos nuevos que produce con la teoría que se le vincula. Analista y analizante se encuentran del mismo lado donde se trata de preservar la singularidad contingente de una existencia.

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Versión en idioma original: Usages des neuro-sciences pour la psychanalyse [1] (Francés)

 
N O T A S
1- Comunicación en el coloquio organizado el 27 de mayo de 2008 en el Collège de France por Pierre Magistretti, con el título "Neurociencias y psicoanálisis, un encuentro en torno a la emergencia de la singularidad".
2- F. Ansermet y P. Magistretti, A chacun son cerveau, plasticité neuronale et inconscient, éd. Odile Jacob, Paris, 2004, p. 22.
3- Ibid.
4- Freud S., "Projet de psychologie",(1895-1950), trad. par Françoise Kahn et François Robert, in: S. Freud, Lettres à Wilhelm Fliess, P.U.F., coll. "Bibliothèque de psychanalyse", 2006, pp. 595-693.
5- Freud S., Malaise dans la civilisation, 1929, P.U.F., coll. "Bibliothèque de la psychanalyse", 1971.
6- Miller J-A, Cours du 30 de enero de 2008, L’orientation lacanienne, TLN nº 376, p. 7.
7- Lacan J., Propos sur la causalita psychique, in Ecrits 1966, Senil, p. 159, commenté par J-A Millar lors de son cours du 30 janvier 2008, L’orientation lacanienne, TLN nº 376, p. 7.
8- Dupuy J.-P., Aux origines des sciences cognitives, Paris, éditions la Découverte, 1994, p.114. Remite a la sesión del 19 de enero de 1955 del Seminario II donde Lacan evoca al pulpo en el marco de las consideraciones sobre la memoria y el fenómeno del feed-back.
9- Dehaene S., Les neurones de la lecture, Paris, éditions Odile Jacob, 2007.
10- En este coloquio, Antonio Damasio presentó una comunicación muy precisa sobre este punto.
11- Estos debates actualizan el saludo de los estudiantes alemanes que Victor Hugo encontró hacia 1840, cuando exploraba el Rhin: - "Díganos señor, ¿en qué parte del cuerpo sitúan el alma los antiguos filósofos? Yo devolví el saludo y respondí: - Platón en el corazón, Empédocles en la sangre, Lucrecio entre las dos cejas. Los tres jóvenes sonrieron y el mayor de ellos exclamó: - ¡Viva la Galia, nuestra reina! Yo repliqué: - ¡Viva Alemania, nuestra madre! Nos saludamos todavía una vez con la mano y yo seguí adelante". (Hugo V., Le Rhin, Lettre vingtième, in: Œuvres complètes, Robert Laffont, 1987).
12- Dennett D., Kinds of minds, science masters, Phoenix, 1996.
13- En este coloquio, Marc Jeannerot ha presentado una comunicación muy precisa sobre este punto.
14- Miller J-A, Cours du 6 février 2008, L’orientation lacanienne, TLN nº 378, p. 11.
15- Gallistel C. R., "L’apprentissage de matières distinctes exige des organes distincts", in: Chomsky, ouvrage collectif, éditions de L’Herne, 2007.
16- Milner J.-C., Introduction à une science du langage, Seuil, 1989.
17- Ibid. Voir la longue note 62, p. 252.
18- Jacob P., "La portée et les limites du naturalisme", in: Chomsky, ouvrage collectif, éditions de L’Herne, 2007.
19- Ibid.
20- Searle J.R., Du cerveau au savoir, Hermann, 1985.
21- Fodor J., "Modules, frames, fridgeons, sleeping dogs, and the music of the spheres", p. 27 in: J. Garfield (Ed.), Modularity in Knowledge representation and natural-language understanding, Cambridge Mass: MIT Press, 1987.
22- Andler D., Fagot Largeault A., Saint-Sernin B., Philosophie des sciences II, Paris, Gallimard, Folio Essais, 2002, p. 770.
23- Laugier, S., "Quine, la science et le naturalisme", in: Les philosophes et la science, sous la direction de Pierre Wagner, ed. Gallimard, Folio essai, 2002, p. 715.
24- Quine W.V.O., "On empirically equivalent systems of the world", Erkenntis, 9, 1975, p. 327, citado in: Laugier, S., op. cit., p. 735.
25- Laugier, S. "Quine, la science et le naturalisme", op. cit., p. 744.
26- Quine W.V.O, The Roots of Reference, La salle, Open Court, 1973, p.80.
27- "The nature of natural knowledge", in: S. Guttenplan, ed. Mind and Language, Oxford, Oxford University Press, 1975, p. 68.
28- Laugier, S. "Quine, la science et le naturalisme", 2002, p. 749.
29- Quine W.V.O., "Les deux dogmes de l’empirisme", 1953, traducido in: Jacob P., De Vienne à Cambridge, Gallimard, 1980, p.110.
30- Miller, J.-A., "Pièces détachées", in: Le Séminaire de Jacques Lacan, La Cause Freudienne n° 61, Navarin éditeur, 2005, pp.143-144.
31- Solms M., "Psychanalyse et neurosciences", in: Pour la Science, No 324, Octobre 2004, p. 78.
32- F. Busch, B. Joseph, "A missing link in psychoanalytic technique", in: Journal of Psychoanalysis, 2004; 85: 567-78 disponible en la web.
33- Se puede leer una crítica de este punto de vista en Laurent E., Lost in cognition, éditions Cecile Defaut, 2008. En castellano, está editado en la colección DIVA, Buenos Aires, 2005.
34- Widlocher D., "Affect et empathie", in: Revue Française de Psychanalyse, 1999, tome 1, p. 74.
35- En este coloquio.
36- "All on the mind", The Economist, May 24th, 2008.
37- Berenson A., "Daring to Think Differently About Schizophrenia", The New York Times, February 24th, 2008.
38- "Smart drugs", The Economist, May 24th 2008.
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