¿Dónde encontrar al A.M.E.?
La comisión de la garantía
por GRACIELA BRODSKY
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Cada tanto, conviene releer nuestros Estatutos. Ellos nos ayudan a recordar, desde sus primeros renglones, dos cosas. La primera es que la Escuela se refiere al Acto de Fundación de Jacques Lacan (1964). Esta indicación preside nuestro anuario, pero es cierto que, como con "La carta robada", no siempre vemos lo que tenemos delante de las narices. Del Acto de fundación retengo para esta ocasión que la EOL.- al igual que la EFP en el momento de su fundación - representa un organismo en el cual debe llevarse a cabo un trabajo, y este objetivo de trabajo es indisoluble de una formación que hay que dispensar.
La segunda es que la Escuela adopta, igualmente, los principios contenidos en la "Proposición sobre el psicoanalista de la Escuela"(1967). Dicha Proposición comienza recordando "lo que existe entre nosotros": primero un principio, "el psicoanalista sólo se autoriza en sí mismo", luego una precisión: "esto no excluye que la Escuela garantice que un psicoanalista surge de su formación". La Escuela puede hacerlo por su propia cuenta (se trata del título AME) o el analista puede querer esa garantía (se trata del título de AE).
Que el psicoanalista sólo se autoriza en sí mismo, no es algo sobre lo que la Comisión de la garantía esté llamada a opinar. Esto es así de hecho y de derecho en nuestra Escuela. La Comisión de la garantía entra en funciones cuando se trata de que la autorización en sí mismo no excluye que la Escuela garantice a un analista. Si hay una tensión entre estos dos principios, no es difícil aflojarla porque: a) el analista no se garantiza a sí mismo y b) la Comisión de la garantía no autoriza - ni desautoriza- a nadie a decirse analista. De la autorización en sí misma da cuenta el hecho de que todo miembro de la Escuela puede declarar que práctica psicoanálisis. De la garantía que da la Escuela al Otro social de que fulano de tal es «un analista que surge de su formación» se ocupa una Comisión ad-hoc. Si en la EOL se habla de «pecado original» en su lista de AME, esto se refiere a que la Escuela, para existir, reconoció como suyos a analistas que no había formado. Se entiende que no podría haber sido de otra manera.
Ahora bien, se trata de desgranar qué es «un analista que surge de su formación». No sabemos qué es esta formación -porque la Escuela no tiene un cursus, ni normas para el didáctico, ni normas para el control- pero estamos advertidos de que hay un real juego en la formación del analista, primero porque no hay el analista, luego porque no sabemos qué es un analista. En las asociaciones filiales de la IPA, la cuestión de un analista que surge de su formación no ofrece problemas. El problema lo tenemos nosotros, y en especial la Comisión de la garantía porque Lacan mantuvo la idea de que el analista que la Escuela garantiza debe surgir de su formación, y al mismo tiempo desreguló el trípode sobre el que se asienta tradicionalmente la formación.
Sobre la formación teórica, ha dicho que cada cual enseña a su cuenta y riesgo: la Escuela no lo autoriza -subrayémoslo- ni lo disuade.
Sobre el análisis, ha dicho que el analizante es libre de escoger a su analista.
Sobre el control, ha dicho que «está en juego la responsabilidad que la realidad impone al sujeto, cuando es practicante, asumirla por su cuenta y riesgo».
Así nos encontramos con una Comisión de la garantía que debe encontrar, sin que los interesados se lo pidan expresamente, a los analistas de los que la Escuela puede decir «garantizo que son producto de la formación que dispenso», siendo que al mismo tiempo la Escuela no obliga a nadie a cumplir con ninguno de los pasos de la formación así llamada clásica.
Para cualquiera que se acerque a esta Escuela, no es difícil encontrar a estos analistas que la Escuela garantiza: en el Anuario están sus nombres y una sigla que los identifica. Cuando el 23 de mayo hubo que elegir un AME entre treinta y tres, todos supieron donde buscarlo. La única que tiene que buscar a los AME que no están especificados, es la Comisión de la garantía.
Lacan no nos da demasiadas pistas para encontrarlas. Explícitamente dice sólo dos o tres cosas. Una es que entre todos aquellos analistas formados por la Escuela, los AME son aquellos que ha probado ser analistas. Dejo de lado por el momento la cuestión de lo que quiere decir ser analista -si hay que conformarse con un juicio de existencia singular del tipo «hay un analista» (si pudiéramos afirmar que hay al menos uno, parte del problema doctrinal estaría resuelto, porque el problema es engendrar el uno), o si se trata de un asunto de esencia y no de existencia -para sacar partido de la dimensión de la prueba que aquí se introduce.
La iniciativa es doble. Por un lado la Comisión de la garantía sale a buscar a estos AME potenciales. Por otro lado, los analistas que quieren ser encontrados deberán haber probado algo.
No todos quieren ser encontrados, y la Comisión no juega escondidas, así que no va a decir «piedra libre» para sacar de su escondite a nadie. Otra cosa es quienes, como Hansel y Gretel, van dejando señales para ser encontrados. Si bien la Comisión de la garantía no recibe demandas formales de ser reconocido AME, está muy atenta es estas señales cuando éstas no son puro deseo de reconocimiento sino respuesta a una demanda que, aunque implícita, existe y es legítima porque la Escuela le ha asegurado a todo aquel que se «comprometa a desempeñar una tarea sometida a un control interno y externo, que (...) no se ahorrará nada para hacer que todo lo que hagan de válido tenga la repercusión que merece, y en el lugar que sea conveniente»
Tenemos por un lado las pruebas. Por el otro lo que Lacan ha llamado en 1975 el bon sens , el sentido común.
¿Cuáles son los criterios, le preguntaron, para nombrar un AME? «Se los voy a decir, respondió: es lo que se llama el sentido común, es decir la cosa más difundida del mundo. El sentido común es esto: a éste se le puede tener confianza. Nada más. No hay absolutamente ningún otro criterio.»
Volvamos a las pruebas: ¿qué clase de pruebas se pueden tener de que hayun analista? Lacan contempla dos: una es la que alguien puede dar de que su análisis lo ha llevado a esta posición, haciéndole surgir el loco deseo de «recoger la antorcha» y ocupar un lugar cuyo destino de desecho ya conoce, porque es a lo que vio reducirse a su propio analista. Si alguien quiere dar una prueba de este tipo, lo hace ante el cartel del pase. Que practique como analista no es lo más importante para el caso y Lacan llegó a decirles a los AME de la EFP que no esperaba mucho de los pasantes que estaban enganchados desde hacía mucho en la profesión de analista, por lo que no le interesaba demasiado que el AME fuera a testimoniar sobre lo que hace por hábito. ¿Se podría objetar esta opinión de Lacan? Habrá que esperar los resultados del procedimiento que vamos a poner en marcha, pero en todo caso es cierto que al AME no lo encontramos en el pase, y que si está allí, es mejor que no sea como AME.
El segundo tipo de prueba sanciona de derecho lo que es de hecho, y se refiere al funcionamiento efectivo de alguien como psicoanalista en las curas que dirige, esto es que no es un psicoterapeuta, porque se priva de usar los medios de su poder, es decir la transferencia como sugestión, porque sólo se orienta respecto de sus analizantes por los matemas S (S tachado), a, incluso el A (Otro tachado) y el I(A), dejando de lado lo que de su lado se juega como «gusto» (ver al respecto el Seminario del Acto), porque es capaz de construir la lógica de la cura que dirige, etc.
¿Dónde encontrar a este analista, que da pruebas del nudo entre la formación que la Escuela dispensa y su práctica como psicoanalista? ¿Dónde verificar que no es un psicoterapeuta? Veo sólo un lugar genuino, y es el control.
Acuerdo con Luis Erneta cuando precisa que otros lugares: noches clínicas, jornadas, etc. son «por añadidura». Pueden ser el instante de ver, pero poco puede juzgarse sobre la práctica sostenida de alguien en una presentación de veinte minutos, por muy afortunada que resulte.
Por supuesto que el control es asunto de la responsabilidad del sujeto y que éste la asume por su cuenta y riesgo, la Escuela no lo impone. Pero si la Escuela ofrece garantizar a su analista no puede lavarse las manos.
Que la Escuela no obligue no quiere decir que se desentienda. «La Escuela no podría abstraerse de ignorar este estado de cosas desastroso [Lacan se refiere a los didactas que fingían ignorar que sus analizantes practicaban psicoanálisis] en razón misma del trabajo que ella está hecha para garantizar (...) Es por ello que se ocupará de establecer las supervisiones que convienen a la situación de cada cual (...).»
¿En qué punto estamos hoy en día en la EOL. respecto de esta exigencia de Lacan?
Es seguro que no la ponemos en práctica. Quizá porque lo consideremos un problema al que todavía no nos hemos acercado lo suficiente. O estamos más allá, o estamos más acá, pero no estamos allí.
Es cierto que Lacan desreguló la formación del analista, pero a ello le opuso el control interno y externo al que se comprometen los que en la Escuela desempeñan su tarea, y es responsabilidad ya no de cada quien, sino de la Escuela, ofrecer espacios donde ese control sea posible.
Quien se acerca a nuestra Escuela sabe que tendrá carteles, cursos, seminarios, jornadas, actividades todos los días y todas las noches donde el saber será expuesto al control de los otros.
Quien se acerca a nuestra Escuela sabe que el procedimiento del pase será un lugar donde los resultados de su propio análisis pueden ser ofrecidos al control -paradójico- de un cartel que deberá ser convencido de lo que no sabe.
Pero no es seguro que quien se acerque a nuestra Escuela sepa qué hace ella con el control de la práctica de sus miembros.
Lacan concibió a la supervisión como el lugar donde los efectos de su propia enseñanza podrían ser controlados: «Ya desde el comienzo, y en todo caso, se atenderá a que el practicante en formación en nuestra Escuela disponga, dentro de ese marco, de una supervisión calificada (...) Serán propuestos al estudio así instaurado, tanto los rasgos por los que yo mismo rompo con los estándares afirmados en la práctica didáctica, como los efectos que se imputan a mi enseñanza sobre el curso de mis análisis (....)»
¿Qué hacer hoy con estas indicaciones de Lacan? Podemos retomarlas y ponerlas en práctica, podemos aggiornarlas , podemos dejarlas de lado si logramos demostrar que no son pertinentes en este momento y en este lugar, pero lo que no podemos hacer es ignorar que es así como Lacan concibió a su Escuela.

Referencias:
- Todas las referncias de Lacan a la supervisión están tomadas del «Acto de Fundación», de 1964.
- La referencia al «bon sens» puede leerse en «Lettres de l'EFP», Abril 1976.
- La referencia el AME y el pase puede leerse en «Lettres de I'EFP», 23 de Abril de 1978
- El banquete de los analistas, curso de Jacques- Alain Miller, es el telon de fondo de esta intervencion realizada en 1995 en el marco de las noches de la EOL dedicadas a las enseñanzas de la Comision de la garantia.