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Un texto de Mitra

Siguiendo la campaña por la liberación de Mitra Kadivar, publicamos un texto cuya lectura será hoy un buen modo de difundir la fortaleza de su posición.

Agradecemos a Jean-Daniel Matet, presidente de la ECF y director de La Cause freudien en el momento de su publicación en francés, la autorización para traducirlo y publicarlo por nuestras listas.

El misterio de los congresos
Mitra Kadivar

Tengo la sensación de haber oído desde siempre el nombre de Freud, pero no fue hasta 1978, cuando preparaba mi tesis de medicina – una tesis sobre el sueño y los sueños –, cuando tuve mi primer contacto con el texto freudiano, en la Standard Edition. No podía imaginar entonces que nunca llegaría a salir de esa tesis, ni de aquellos textos.

No había nadie en la universidad que pudiera dirigir el trabajo de aquella tesis. Sin que yo lo supera, era el inicio de un camino muy largo. Todo lo que Freud dice acerca de la "resistencia" y todo lo que Jacques Lacan llama "no quiero saber nada", me lo encontré en el camino. Al cabo de treinta años, llegué al no quiero saber nada más de Jacques-Alain Miller. De todos modos, se puede decir que he hecho buena parte del camino. Pero, cuando uno nunca ha querido saber, ¿cómo se puede pretender decir sea lo que sea ante los demás, a los demás?

Tengo que confesar que no he despegado del primer texto: La Interpretación de los sueños. ¿Cómo iba a hacerlo? ¿Fascinación o resistencia? Más bien la inercia del goce. Aquí estoy, aquí me quedo, dijo J.-A. Miller. De modo que no hace falta que diga lo inútil que me parece un congreso, en lo que a mi goce se refiere; en cuanto al saber, no digo nada.

Pero, aún así, he tenido que moverme, a mi pesar, durante estos treinta años; estaba en la lógica de las cosas. El propio Freud nos lo había advertido: "¡Le tiendes un dedo al psicoanálisis y él se queda con toda tu mano!" Así que en eso estoy, porque Freud exigió que hubiera congresos – lo cual significa que no son tan inútiles, tanto para el goce como para el saber, aparentemente. En todo caso, son indispensables en el plano político. Hay que reunirse, como grupo social que se es, y hacer algo juntos. Algo que esté lo más lejos posible de un desfile militar o de rezar juntos. Se va hablando por turno. ¿Es eso todo? Por supuesto que no.

Aunque siempre me pregunté cómo se atrevía la gente a hablar de psicoanálisis delante de Freud, en un congreso. ¿Por qué exigía Freud congresos y por qué sus alumnos tenían tal osadía? Una cólera y un sueño me indicaron la respuesta. Una respuesta plausible. Tengo que dar un rodeo para decirlo, porque el propio sueño vino por este rodeo.

La poesía, reina
Un escritor dijo que los escritores del siglo XX lo tenían muy mal, porque todo había sido dicho ya antes de ellos. Esto es más cierto aún en lo referente a la poesía persa. Todo, absolutamente todo, ha sido dicho. Sin embargo, cada día somos testigos, admirados, del nacimiento de un nuevo poeta en lengua persa.

¿Cómo es esto posible? ¿Por qué vuelven a empezar el camino ya recorrido por un centenar de gigantes? Mi respuesta a la segunda pregunta es que no pueden hacer otra cosa. La poesía, como reina de la artes, no es sólo cosa de los significantes, menos aún de significación. El poeta pone en ello sus pulsiones. Es un acto, la poesía. El acto de decir. El poeta no puede invertir sus pulsiones en nada más que en el acto de decir la poesía.

El principiante da sus primeros pasos con un coraje insólito. Cada verso que extrae de sus entrañas es comparado inmediatamente con los dichos de los gigantes. Cada poema acabado tiende a borrarse lo antes posible de la página en blanco, por modestia.

Y el principiante continúa. Luego publica. Para este ejercicio, hace falta un público; para todo acto, hace falta el Otro. Este Otro habituado a cosas exquisitas no es nada fácil de satisfacer. El poeta naciente no ambiciona siquiera ver su nombre un día junto al nombre de los gigantes; este tema está archivado. Ni pensarlo. Ya tiene su recompensa en su acto de decir. Está agradecido porque se lo escuche, porque alguien se ponga en el lugar del Otro, por poder seguir diciendo y seguir siendo escuchado, a costa de él.

Se plantea entonces una tercera pregunta: ¿por qué acepta el público desempeñar este papel, también a su costa? Mi respuesta es que tampoco él puede hacerlo de otro modo. Porque cada generación debe tener su propia poesía. Cada generación debe reinventar la poesía, porque no es posible nutrirse eternamente de la herencia de los gigantes, de otro modo morirían – tanto la poesía como los gigantes. Y si perecieran, sería el fin de aquel pueblo al que tal poesía iba destinaba; sería el fin de esa cultura única.

Para que la poesía exista como una poderosa fuente del goce, hace falta que cada uno de los gozadores, de un lado o del otro, entre en el juego y se arriesgue.

Un sueño-verso [1]
He aquí mi propia apuesta: un sueño en el lugar de un verso, un sueño-verso.

"¡Estoy en un examen de psicoanálisis! Hay un cuestionario con preguntas de cuatro respuestas. En la primera pregunta, se trata de interpretar un sueño. Las tres primeas respuestas son interpretaciones eruditas de iniciados. La cuarta hace referencia a dos focos cancerosos en los dos pulmones de la paciente. Elijo la cuarta respuesta, temiendo que la propia paciente haya visto su radiografía torácica, como yo la he visto. Elegí una interpretación médica más que psicoanalítica, es decir una interpretación que tenía su fuente en el cuerpo más que en el significante. No pude seguir respondiendo el cuestionario. El tiempo se termina y suspendo el examen".

Al despertar, se me ocurren dos cosas simultáneamente: las cosas que hacen que cuente mis asociaciones y mis reflexiones antes incluso que el texto del sueño.

En primer lugar: pienso en la frase de Freud, que dice que las pulsiones tienen su fuente en el cuerpo [2] .

En segundo lugar: durante la clausura de las jornadas de la ECF, el pasado noviembre, oigo decir a J.-A. Miller que hace cien años que vivimos de la herencia de Freud y que es el momento... ¡y se encoleriza! Dice cosas acerca de su cólera, pero yo no las entiendo. Es la misma cólera lo que me interesa. Pienso en la frase de Lacan: una vez más "las clavijitas que no entran en los agujeritos [3] ".

Sí, esto me permite declarar, al modo de Freud, que mediante este sueño ¡me fue revelado el misterio de los congresos! He aquí la revelación, paso a paso.

1. En un congreso, hay que jugarse algo primero para luego gozar, exactamente como en la poesía.

2. Uno apuesta tratando de hacer entrar las clavijitas en los agujeritos, y se fracasa.

3. Fracasando, se tiene éxito. Fingiendo tratar de hacer entrar las clavijitas en los agujeritos y fracasando, se puede disparar un proceso de repetición sin fin. Fracasos de repetición, semblante por un lado y sinthome por el otro.

4. El colmo de todo esto es que es mediante este propio fracaso como la causa avanza – aunque sólo sea un poquito. En todo caso, este fracaso en plural se convierte en un juego sublime, el ajedrez [4]. Yo misma, en mi sueño, fracaso.

Mi sueño era en verdad el sustituto de un poema. En cuanto tomé el bolígrafo para escribir mi texto, me vino a la mente un poema persa. Y pensé, una vez más y con mucho pesar: "¡Ah, si al menos pudiera decirlo en persa!" Tal era mi anhelo imperecedero como analizante.

Este poema, que reprimí y que volvió en forma de un sueño, pertenecía a la obra de uno de los poetas persas más grandes, Saadi – cuyo nombre llevaba el presidente de la República francesa, Saadi Carnot, en su honor. Saadi es igualmente el poeta cuyo poema más célebre es la máxima, la fórmula lapidaria, grabada en mármol, en escritura persa, en el frontón de la sede de la ONU en New York [5] – la sede de los mayores congresos de la humanidad.

Lo que yo decía: ¡los congresos son indispensables para la política!

Para concluir: ¿se han dado ustedes cuenta de que, con la meditación de Saadi, he formulado mi deseo de que la AMP llegue a ser tan mundial como la ONU, y de que pueda reunir a todas las naciones del mundo – recuperando al mismo tiempo mi lugar de analizante, allí donde éste se encuentra, en esta ocasión?

(Texto publicado con la autorización de la revista La Cause freudienne. Traducido por Enric Berenguer)

  1. N. de T.: un rêve-vers. Suena como revers, reverso.
  2. Cf. S. Freud, "Pulsions et destins des pulsions", Métapsychologie, Paris, Gallimard, 1968, pág. 19.
  3. J. Lacan, Le Séminaire, livre X, L'angoisse, Paris, Seuil, 2004, págs.23-24.
  4. Petit Larousse: [del persa chah: el rei] N. de T.: échec = "fracaso"; échecs = ajedrez.
  5. "Los hijos de Adan son parte de un cuerpo
    Creados todos de una misma esencia
    Si una pena afecta a un miembro del cuerpo
    Los otros también están incómodos
    Si tú no sufres por la pena de los otros
    No merecerás estar en este cuerpo."
    Estos versos de Saadi fueron escritos en el siglo XII.