World Association of Psychoalanysis

 

UNA INFLEXION EN EL UMBRAL

Leonor Fefer

 

Introduccion

En el primer testimonio conceptual presentado en la EOL, la noche del 27 de Septiembre pasado, fue preciso, mas alla de las buenas intenciones, encontrar el modo de decir en tanto Analista de la Escuela.

Esa situacion me llevo a avanzar en nuevas vueltas en relacion al propio analisis, para desprenderme de lo intimo de la experiencia subjetiva, que conservaba toda su pregnancia.

Cuando me sente alli a disertar y me presente como ensenyante, yo no podia saber si eso ocurriria realmente. Era mi apuesta.

Fue un momento de adelantarme al principio de la ensenyanza pues sin hablar no hay espacio; pero se habla desde algun lugar, en un movimiento de anticipacion que despues resultara fundante de algo, pero que debe fundarse cada vez.

Proponerse una ensenyanza como AE es una experiencia que se renueva cada vez. Es un pulsar, apertura y cierre que ocurre y puede fundar el espacio si algo pasa marcandolo como tal, espacio que se necesita abrir y fundar cada vez, anticipando el acto del que no se puede saber cuales seran sus consecuencias.

Es desde esa posicion de analizante del discurso, que vuelvo hoy a hacer la apuesta a la transmision, en una nueva vuelta, un nuevo desprendimiento que separe lo fonico de la voz, para que algo de eso pueda pasar a otros, que pase de analizante a otros analizantes, que se produzcan en sus cuerpos y en mi cuerpo diversos afectos y efectos.

Al comenzar este testimonio ante ustedes, para ustedes, el parletre vuelve a estar en posicion de analizante de su propio discurso, buscando hacerse al ser, propiciando la posicion analizante del analizado contribuyendo con otros a hacer la Escuela como concepto.

En este segundo testimonio me interesa tomar el sesgo de la reduccion, no solo del lado del sujeto, sino sobre todo del lado del analista en la experiencia concluida, y ello por la via del objeto, del semblante de objeto, como reduccion a un ruido, en el final de la primera vuelta con la extraccion del objeto del campo del Otro. Y por la via del significante, la reduccion al desecho de saber, con el cual se continuo la segunda vuelta hasta la conclusion del analisis.

Para desplegar estas cuestiones tan interesantes ocurridas en la transferencia, he querido detenerme en algun detalle ocasional, unas pinceladas del analisis transitado, ese pequenyo suceso casi sin importancia, como los pequenyos detalles que le gustaba no perder de vista a Freud.

El tiempo de la conclusion

Si en la Proposicion, Lacan presentaba un final por la via del atravesamiento del tejido fantasmatico, sus ensenyanzas a partir del Seminario XX indican otra conclusion de la cura: la salida de la experiencia por la via del sintoma.

Se dio comienzo entonces a una nueva vuelta en el analisis. El sujeto, dispuesto a realizar el nuevo recorrido, se hacia a si mismo varias preguntas, que esperaba responderse durante el trayecto analitico: ¿adonde se habrian distribuido los trocitos de su nombre de goce "embalsamada"?, ese nombre que, al modo de la jarra heideggeriana, se habia estrellado, se habia hecho trizas, y estas se esparcieron por alli, pero dejando elementos que se podrian reconocer.

¿Adonde se habria inscripto el nuevo nombre "musicalidad"?; el parletre lo habia inventado en alguna sesion, y fue como un hallazgo en el que se reconocio yendo mas alla del Padre pero sirviendose de el, nombre hecho con los restos del objeto voz extraido del Otro, ese poco de si, esa sustancia con la que se puede hacer una apariencia cuando ya se han triturado todos los semblantes.

¿Como queda situado el parletre respecto de la funcion del (a)?.

Como se pregunta Lacan en el Seminario XI "¿Que deviene entonces aquel que ha pasado la experiencia de esa relacion opaca con el origen, con la pulsion? ¿Como un sujeto que ha atravesado el fantasma radical puede vivir la pulsion?".

Para el sujeto de este analisis, este tiempo de la conclusion fue el que habia que transitar para lograr separarse del goce que retenia en el tejido fantasmatico "una boca pegada al oido". Habia que sacarle al oido lo oido, eso fonico que impedia la escucha. Llegar a la mayor separacion entre lo oido y la escucha, para que no quedara la letra fija con el objeto pegado a ella, inmovilizandola, el a/-phi, para movilizar la letra.

Habia que verificar en nuevos desprendimientos, cada vez, la diferencia entre lo fonico y la voz, para poder saber de su modo particular de gozar; saber hacer con ese resto, con lo incurable, lo cual implica aceptarlo y, como nos ha ensenyado Lacan, usarlo de la buena manera.

Pues si el fantasma, como decia alguna vez Françoise Fonteneau, habia sido hecho con los restos de voces, de silencios, de canticos sagrados, de quejidos, con los cuerpos de esos monjes que veia en las noches, mas alla de todos estos objetos fonicos, mas alla de lo escopico presente en esa escena, mas alla incluso de la pulsion invocante que los ha creado, queda la pulsion y su silencio, su mudez, y hay que saber hacer con eso. Embrollados en lo real, orientarnos en este embrollo, de la buena manera, como nos recordara Eric Laurent en estos dias.

Momento de inflexion

Asi, el tiempo de la conclusion fue un momento muy dificil pero muy productivo.

El sujeto avanzaba en su analisis con decision, ya sin las paradojas de un inconsciente que malinterpreta, ese inconsciente que se relaciona con la letra fija, matemica, y sin arrastrar la pesadez del goce. Debia producirse una nueva torsion para acercarse un poco mas al hueso de la estructura, llegar a la raiz de la lengua, a su invariante, a su etimologia, que no es sino el nuevo inconsciente que se realiza. El de la Una-equivocacion.

Surgio en este tiempo un suenyo en el que el sujeto perdia una nena en un tren, la buscaba, la llamaba gritando, se quedaba afonico. Perdida de la nena; perdida de lo fonico en un medio de comunicacion. Pasaje del objeto a, esa voz afona en lo fonico.

Asocio este suenyo con aquel otro que habia escrito en su texto la reduccion mayor del analisis: en aquella pesadilla de transferencia, al salir el Padre familiar de la escena, se veia recostada en el divan de su analista, quien acercando la boca a su oreja habia pronunciado algo ininteligible, produciendo en el sujeto un llanto estrepitoso como el primer llanto del recien nacido.

Ese gesto en el suenyo, que retomaba la escena fantasmatica, dejaba caer lo que ataba al sujeto al Otro: la Voz se extrajo del campo del Otro, mostrando la esquizia que hay entre el oido y la voz... lo inaudito.

Destitucion subjetiva. Pero tambien deser donde el analista, en tanto partenaire de la pulsion, quedaba transformado en un ruido.

El analista, nos ensenya Miller, es sintoma en esa pareja, pues tiene que ver con lo real, tiene que verselas con la pulsion: el analista es partenaire de la pulsion. Y la pulsion esta articulada a la castracion.

Si hay esa separacion en el suenyo, es porque hubo una interpretacion que apunto alli, buscando abrochar el significante al goce que se desliza, se escapa. Y es porque el analizante escucho eso, que por rebote toco el goce que se escabullia silencioso, como entre las lineas de un pentagrama musical.

Por eso el suenyo reciente, demostraba una vez mas, la perdida de ese velo. Y al igual que aquel otro, con sus dos caras, de sintoma y de fantasma, en que se produce la extraccion del objeto del campo del Otro, testimoniaba de la interpretacion que se escucho. Interpretacion que al hacer corte, produjo la separacion del objeto, su desprendimiento, constituyendo una espacialidad, como efecto, por el trazado pulsional.

Por ello la salida sin la separacion entre lo fonico y la voz podria haber sido un momento de finalizacion del analisis, pero se necesitaba producir esa separacion para arribar asi a un nuevo inconsciente con un estatuto real.

Se habia dado comienzo asi a un tiempo novedoso, de invencion en el analisis, tiempo en el que el sujeto podia leerse, leer su decir con la voz ya externalizada.

En el analisis se habia instalado algo que funcionaba solo, pues al llegar a este momento del mismo, el sujeto podia escuchar desde otra posicion que la del comienzo, fantasmatica, en la que escuchar era un hacer que un Otro le hable, llenandose con su libreto, lo cual marcaba al mismo tiempo su hoquedad, su vacio.

Ahora, en esta vuelta conclusiva de la experiencia analitica, el sujeto podia escuchar pues habia sido escuchado por el analista y por si mismo, se habia escuchado. Escuchar en el punto en el que se ha sido escuchado, implica un hacer uso de la lengua.

Las sesiones transcurrieron con las asociaciones del sujeto acompanyadas con algun mj imperceptible, provenientes de quien al finalizar la primera vuelta de la cura, en su funcion de analista habia quedado reducido a un ruido, y que en esta vuelta suplementaria, y por efecto del trazado pulsional, por la pulsion invocante, llegaba a una reduccion mayor, reduccion del analista, y al mismo tiempo reduccion maxima de la suposicion de saber que habia dado comienzo al analisis.

El Sujeto supuesto Saber debe ser despojado de la causa para mantener la conduccion.

En un suenyo el sujeto se ve sentado al borde de una cama en en el camarote de un crucero, mirando el mar a traves del balcon que esta abierto; curiosamente el mar llega justo hasta la linea de borde de la cubierta, pareceria que va a entrar pero lo mira tranquilo, sereno, sabiendo que hay ahi ya puesto un limite que no se ve pero que esta funcionando.

Una mujer que entra por detras, y acomoda la ropa dice que el equipaje todavia no se termino de distribuir.

Era muy interesante por varias razones: lo transferencial en esa mujer detras.

Ese limite preciso que se habia trazado: un borde absoluto que no se ve pero que da tranquilidad; nada de ese tumulto puede invadir ni avasallar al sujeto.

El equipaje que no se termino de distribuir... ¿porque sonaba musical esa palabra para el parletre?. Se asocio a escritura, resto diurno pues ese dia estaba pensando en la diferencia que habia entre letra fija, escrito matemico y fluidez de la escritura.

Es raro, dijo en la sesion, eso tiene musica, Eso es musical, de esa Nada se hace musica!. Asi que donde oyo distribuir leyo musicalmente escritura.

Distribucion, fluidez, movilidad, plasticidad, musicalidad, lo poematico, la escritura.

La distribucion era escritura y tambien es el goce de las pequenyas cosas como el hambre, caminar, el trabajo en el consultorio, el lazo con los otros, etc.

En el analisis se iba produciendo un movimiento interesante respecto de la suposicion con que habia comenzado, suposicion de un sujeto y de un saber.

El analizante se dice entusiasmado y dice que algo asi como un puente, se habia construido, que articulaba ese lugar que ocupaba acostado en el divan de su analista, y aquel sillon en donde se sentaba a dirigir la cura de otros.

En ambos, divan y sillon, operaba una funcion, la de analista, funcion vacia que sostenia con una presencia firme y sin temor, con un cuerpo sensible capaz de recibir los efectos de la resonancia de lo que pasara del decir.

Aqui se podia ubicar un cierto devenir objeto del sujeto, que le posibilitaba ocupar el lugar por excelencia del analista: como nos indica Miller, se trata de una solucion libidinal en el analisis.

Sin embargo, alguna sombra le llevo a preguntarse si seria capaz de pasar su experiencia a otros.

Llevando estas ocurrencias a su analisis se escucho decir que quizas fuera importante para si, pasar por un no-todo entusiasmo, pues ello diria de una posicion subjetiva diferente de la obtenida en aquella falsa salida de un analisis anterior.

En ese entonces, un suenyo lo habia situado en un overcraft junto a algunos otros colegas portadores del saber, que iba a toda velocidad, sin rumbo, sin horizonte, puro vertigo: suenyo que mostraba una recta infinita sin horizonte, recta que no indicaba ninguna torsion. Puro movimiento que es pura quietud, tan perpetuo como su pesadilla de la infancia del barco navegando en un mar de dulce de leche, o como el leve temblor de las manos de la madre adjudicado al peso del cuerpo de la ninya cuando era bebe.

De ese analisis se habia ido sin mas herencia que ese Padre Muerto, "momia", investido por la fijeza fantasmatica del sujeto, que no logro reducir todo el peso de su propia falta en ser, ni reducir al analista, ni reducir el saber supuesto.

El sujeto estaba haciendo entrar otra vez aquella falsa salida en este analisis.

"Es un momento necesario e interesante" dijo el sujeto, mientras se despedia de su analista junto a la puerta del consultorio.

El analista, abriendola le responde "Si!, es de inflexion".

El sujeto ya en la calle se escucha decir interiormente "¿Sabra esta mujer del decir de lo que dijo?".

Ese decir, que el sujeto escucho, tuvo una funcion interpretativa, demostrando ser causal.

Produjo un nuevo suenyo: en el se decia que habia que pasar de University a link, que leyo como pasaje desde las ataduras a lo conceptual (University), ese saber que siempre le habia atraido, a otro saber, saber del inconsciente. (University al Inc.)

Aqui situare un devenir saber del sujeto, que como nos recuerda Miller en su conferencia sobre el Sujeto supuesto Saber, es quizas a lo que apuntaba Freud al hablar de la revision del proceso de la represion, quizas poniendola fuera de circuito.

Solucion epistemologica que armoniza con la que he situado ya, pasaje de analizante a analista, solucion libidinal.

Deseo enfatizar en este punto, el efecto que tuvo sobre el parletre lo que paso de este decir, producido alli en la puerta del consultorio, en ese lugar de borde que se habia trazado.

A partir de este significante "inflexion" algo diferente se produjo en el sujeto, como pasaje del antiguo amor al saber, y su paso a un cierto saber sobre el goce.

¿Que saber es este?.

¿Que destino para este saber?.

En primer lugar, la ocurrencia del sujeto, su cuestionamiento, recayendo sobre "el saber de esa mujer", mostraba la reduccion que se habia operado respecto del saber supuesto:

el saber de esa mujer referido al analista como objeto;

el propio saber en tanto saber de una mujer.

En este tiempo que es el de la conclusion de la experiencia analitica, el analista va siendo reducido cada vez mas, ahora respecto del saber, llegando a la mayor reduccion, un desecho de saber, resto con el que se sostuvo el analisis hasta concluir la experiencia.

El parletre, en estas vueltas finales de su analisis orientado hacia lo real, debia hacer el calculo respecto de su analista en tanto partenaire de la pulsion y en tanto deshecho de saber, incluyendo el trazado pulsional en su exploracion de la transferencia. Porque como decia Florencia Dassen en una de las Noches del Pase de la EOL, la transferencia no se disuelve sin una posicion analizante que tome a su cargo el calculo que devela de que estaba hecho el analista.

"El fin del analisis es el desvanecimiento del sujeto supuesto saber porque el inconsciente del sujeto se realizo, esto es, el sujeto devino su propio saber supuesto" (Jacques-Alain Miller, Acerca del sujeto supuesto saber).

Sin otro anclaje que una expresion: "¿Sabra esta mujer...?" el sujeto habia incluido una cierta desestimacion en su expresion, desestimacion util en tanto se producia un pasaje de lo estimable del analista a algo inestimable que hay en el psicoanalisis: el mal-decir.

El parletre que ha ubicado la vida como valor semantico suplementario, o sea como significacion, encontrando al mismo tiempo lo irreductible, el hueso, lleva a su analisis una idea que se le ha aparecido: si ha pasado por el horror de saber, y esta dispuesto a llevar a otros a ese punto de saber de ello, algo ha ocurrido para el respecto de lalangue, aunque en ese momento no podia decir mucho mas. Solo tiene esa vivencia que surge de su propia experiencia analitica, solo sabe lo poco sobre ello que ha leido en los libros: que hay que deshacerse de lalangue; ponerla en posicion extima, en tanto es ella la que hace marcas de goce en cada significante.

En este punto quiero decirles que me propongo investigar la categoria del mal ligada a la vida. He pensado en ello pues el mal es, a mi entender, y provisoriamente, un instrumento necesario para pasar de un saber a otro saber.

La inflexion era en esta etapa de la cura, la torsion que el empuje de la pulsion traza, para hacer que la recta siga su recorrido, que atraviese y salga del redondel que nos muestra Lacan en su Seminario XXIII, y se encuentre una nueva orientacion a lo intratable de la pulsion, que ya no es, en este tiempo de la experiencia analitica, tratada por el fantasma, en tanto se ha paseado por detras de sus bambalinas, y se ha salido de alli.

Entonces el empuje pulsional, en la inflexion, habiendo salido de la zona erogena vuelve sobre la division subjetiva introduciendo Otra satisfaccion.

El analisis, en su didactica le ensenya ahora que una linea se traza del todo del entusiasmo a la infatuacion y la erudicion, al saber sobre la estructura.

Y otra, que es la que como parletre estaba transitando, que es aquella marcada por el no-todo, que atravesando la barrera del horror de saber, abre al deseo de saber de la estructura, y reubica los restos transferenciales en transferencias de trabajo con otros. El sujeto estaba abierto a la conversacion, "practica de la desuposicion del saber del Uno".

En este tiempo post analitico en el analisis, el parletre ha pasado de lo traumatico del lenguaje al traumatismo (troumatisme) de la lengua: alli el poema como su raiz invariante.

Direccionalizar la voz es hablarle a otros: el deseo del analista y la Escuela

En ese tiempo de su analisis, varias veces al llegar al consultorio de su analista, el sujeto comprobaba que faltaba el timbre, que en su lugar habia un agujero.

Estas situaciones, que no le pasaron inadvertidas al sujeto, le llevaron a producir un "Witz", que no era cualquier ocurrencia: "Otra vez te robaron el timbre!".

Comprobaba otra vez el cruce del campo escopico y el campo invocante.

La esquizia que divide el ojo de la mirada, separa en el dominio de la pulsion invocante la voz como inaudita, de la oreja que se recorta como la parte, como el cuerpo sensible.

El sujeto se sorprendio con lo que llamo "un vaciamiento del timbre", alli en la puerta.

Vaciados y agujeros. Aperturas y cierres que van pausando lo que se produce, que son como pequenyos vaciamientos de lo que pasa, eso inaudito que ocurre entre Real y Simbolico.

La pulsion es barrera al saber; implica satisfaccion en el recorrido por su circuito a costa de tapar la hiancia.

Pero precisamente cuando ya no hay tapon de esa hiancia, cuando se ha extraido el objeto, que cae del Otro, cuando el partenaire de la pulsion se ha reducido a un ruido, ya no hay barrera al horror de saber.

Esto indica la posibilidad de reduccion del analista a un desecho de saber, por efecto del trazado pulsional mismo, una vez que se ha externalizado la voz. Es la reduccion por la via del objeto la que hace posible la reduccion del analista a un desecho de saber.

De esta sorpresa paso a un nuevo hallazgo: un deseo que llamo inedito, propio, no perteneciente a la neurosis infantil; un interes creciente por el anudamiento entre el vaciado que se iba produciendo en la intension y la extension del psicoanalisis, un interes por su politica, una politica de la cura inseparable de lo que hace a la politica de Escuela, que situo entonces como politica de la pulsion.

En ese umbral se produjo un espacio, efecto de la experiencia de lo real que paso haciendo trazo. Ese efecto devino la Escuela como concepto y como sujeto para el parletre.

Cambio de marco: La Escuela del pase

Tuvo que advenir luego un tiempo de verificacion de la experiencia finalizada.

La conviccion de haber concluido su analisis llevo al sujeto a solicitar que el dispositivo del pase verificara lo que ya se habia producido.

Las diversas inflexiones, torsiones de una recta, precisamente haciendo diferencia con el trazado infinito del trayecto del overcraft, fueron situadas por el parletre como las distintas vueltas o trayectos pulsionales, trazado de un tiempo-espacio-cuerpo.

Este trazado pulsional, bordeando el agujero ya producido, lo vuelve a producir. Es una auto-nominacion que realiza el trazo mismo.

El primer pase le habia quedado al parletre como marca indeleble.

El trazado, como un pulsar que va horadando el inconsciente, contornea el borde del agujero: eso va pasando, paso del contorneo del objeto que es lo que se transmite, lo que nomina.

Por ello, el parletre dice que es importante este momento de inflexion, pues dice con eso, que se torsiona, se pulsa el goce, haciendolo pasar hacia el otro lado haciendo circulo.

Porque la pulsion empuja dando movilidad al goce que no la tiene. He aqui una cuestion crucial, ir hacia lo real, direccionalizar hacia el inconsciente para horadarlo.

"Ciertamente hay un saber que solo puede inventarse si se sangro por el, si se pago el precio", dice Jacques-Alain Miller en El banquete de los analistas (pag. 43).

Pero agrega que esto solo vale como saber si se puede transmitir a los otros, a aquellos que no tienen la experiencia.

Es lo que significa la transmision del psicoanalisis.

Se presentificaba asi para el parletre la Escuela como lugar de transmision a los otros: si algo de la voz puede pasar haciendo espacio, como efecto de transmision, se podra producir en esos otros una audiencia. Un saber hacer con la voz como identificacion al sintoma, que se producira cuando haya con esa voz un lazo a los otros.

Se trata en ese tiempo ya concluida la experiencia analitica, de un cambio de marco: la Escuela del pase, la Escuela de Lacan, en una decision sin Otro, en un calculo de un tiempo y espacio propios.