World Association of Psychoalanysis

 

CHOCAR CON LA PASTORAL ANALITICA

Luis Erneta

 

1 - Bruselas 2002. Cualquier argentino o espanyol, sobre todo catalan, reconocera ese numero como "capicua", que suele ser tomado como signo de buena suerte; no se si existe equivalente en otras lenguas; de modo que el Encuentro en Bruselas se hara en un anyo capicua; si lo piensan, veran que son escasos los anyos calendarios que toman esa disposicion. Permitanme, entonces, poner a Bruselas bajo ese signo. Es un modo divertido, menos solemne, de nombrar la "eutichya", el buen Encuentro. Por otro lado, ahora que tenemos la llave de la Escuela Una, podriamos ponerla bajo la proteccion del Dios Jano, que ademas de haber inventado el lenguaje, segun dice la mitologia, custodiaba las puertas de la ciudad de Roma. Sucede que despues de Lacan, Roma se ha vuelto discurso y somos nosotros, los analistas, los encargados de custodiarlo para que no se extinga. Freud creia que el psicoanalisis triunfaria contra la religion porque era una ciencia; Lacan no era tan optimista y hoy nos encontramos teniendo que proteger al discurso analitico de la universalizacion que acompanya el discurso de la ciencia y una segregacion que se acentua.

2 - En cuanto al tema que nos reunira, la formacion del analista, tal vez no sea el titulo definitivo, pero anticipa la direccion. De ahi que ofrecere algunos anticipos, que reunire bajo lo que se me ocurrio llamar "La formacion interminable".

3 - Freud escribio "Analisis terminable e interminable"; Jacques Lacan partio de ahi para llegar a afirmar que la terminacion del analisis debia estar anticipada en el comienzo mismo de la cura; la metafora del ajedrez empleada por Freud, aplicada al analisis tal como la concebimos hoy, implica que en la resolucion del analisis no cabe el declarar tablas, tal como se procede en ese juego cuando la partida va al infinito.

4 - La formacion del analista, en cambio, dando por sentado que tenga un comienzo, no siempre muy localizable, no ofrece una respuesta que nos permitan afirmar que alguna vez se termina. En efecto, ¿de que modo se podria garantizar que alguien ha terminado su formacion? Es una pregunta que nos pone un poco en apuros, sobre todo cuando no tenemos un programa perfectamente ordenado, un "curriculum" que garantice un titulo, una Facultad que expida ese titulo, como lo sonyo Freud. De modo que el analista hecho y derecho, el analista de hecho y de derecho, como la cultura misma, no tiene un programa anticipado cuyos pasos basta cumplir para salir con el titulo bajo el brazo. El concepto mismo de Escuela se funda sobre la afirmacion, repetida, de que no sabemos lo que es un analista. Y sin embargo la Escuela es la solucion propuesta por Lacan a los "impasses" de la formacion, tal como se despliega, hasta hoy, en la Asociacion que Freud fundo.

5 - Es en el interior de esta paradoja, con los "impasses" que tambien produce, que conviene situar hoy lo que se llama la formacion del analista. La afirmacion de Lacan: no hay formacion del analista, solo hay formaciones del inconsciente, podria encontrar su pertinencia, mas alla de lo efectista de su formula, si planteamos al analista como una formacion particular del inconsciente en tanto producto final del trabajo del inconsciente que se realiza en un analisis. Eric Laurent planteo hace ya un tiempo al analista como un destino nuevo de la pulsion; alguna vez planteamos que devenir analista no era una neurosis de destino, sino habernos hecho, con la neurosis, un destino.

6 - La Escuela es un destino posible y el pase una condicion necesaria de la Escuela, para que el pase se introduzca en el horizonte de las curas. Creemos que la Escuela, como el Dios Jano, tiene dos caras: la cara psicoanalisis puro, y la cara psicoanalisis aplicado. En el Congreso de la AMP y en la reunion de los carteles y secretariados del pase hemos escuchado debatir largamente esa cuestion y situar los "impasses" que se hace necesario atravesar para salir de ellos. La Escuela Una es el recurso, el instrumento analitico que nos propuso Jacques-Alain Miller; su ambicion, la de esta Escuela Una, no es poca: se trata de reinventar casi todo.

7 - Entendemos que reinventar no es hacer tabla rasa y empezar de nuevo, sino renovar lo que tenemos de mas solido en esta meta de formar analistas, proposito que Lacan situaba como fundamental en la ensenyanza que brindaba. Esta ensenyanza, ¿como brindarla? En el Seminario "La etica del psicoanalisis", Lacan desliza lo siguiente: "Si me colocase por un instante en la perspectiva de lo que existe... en la posicion, no del joven analista, sino del analista que se instala y comienza a ejercer su oficio, diria que es concebible que lo que intento articular bajo el titulo de la etica del psicoanalisis choque con la dimension de lo que podria llamar la pastoral analitica... La pregunta ¿como hacer? puede engendrar, en efecto, una impaciencia, incluso una decepcion, ante el hecho de tomar las cosas a un nivel que no es, parece, el de nuestra tecnica, a partir de la cual -esa es su promesa- muchas cosas deben resolverse. Pues bien, muchas cosas, pero no todo." En un texto que Jacques-Alain Miller escribio para el primer Anuario de la EOL afirma que el analista no es un quedo, tampoco un genio, ni un psicoterapeuta, ni un simple genio del inconsciente: no opera sino "un deseo de saber" que no basta declarar para hacerlo oir, siempre entre lineas. Y si hace falta una Escuela es porque nadie puede garantizarse a si mismo y porque el discurso analitico no podria ser portado, soportado, sostenido por uno solo. Hace un tiempo hemos leido un texto del Dr. Otto Kernberg donde ofrecia treinta maneras de desalentar al candidato. Menos ambiciosos, tal vez, podemos apoyarnos en el tripode clasico, freudiano, del analisis, el control y la teoria, reciprocamente necesarios para acceder a una practica analitica que merezca el nombre de tal. Fiel a su algoritmo, Lacan agrega a estos tres un cuarto elemento, el pase, y dos titulos que Freud no calculo: el AE, con la tarea suplementaria de interpretar la experiencia de la escuela; y el AME, que forma parte, aunque en un lugar diferente al AE, de lo que llamamos las garantias. Su despojada simpleza no debe ocultar su solidez. Entonces, ¿como hacer para que un joven aspirante que eventualmente tenga vocacion por esta peste, no desfallezca ante el peso de esa tarea que Lacan llamo improba? ¿Como suscitar un deseo que no se sostenga en la anorexia mental que nuestra suficiencia podria provocarle? ¿Como evitar ese fantasma que Borges evoca en "La Biblioteca de Babel", la certidumbre anonadante de que ya todo esta escrito? ¿Como obtener un efecto de renovacion para esta banda, esta secta tan singular que conformamos los psicoanalistas lacanianos, que ahora nos vemos solicitados por adeptos de otra secta que parecen estar tan interesados en saber cual es nuestro secreto? No tenemos todavia las treinta maneras de alentar al candidato, pero podemos indicar algunas.

8 - La formacion del analista y la funcion que toma la Escuela para hacerse responsable de la formacion que ella dispensa, requiere volver a reflexionar en el modo de aplicar el psicoanalisis en la Escuela para que el psicoanalisis puro sea determinante en la formacion, y no recaiga en la psicoterapia. La experiencia del pase es un buen lugar para verificar la diferencia entre la psicoterapia y los efectos terapeuticos del psicoanalisis, que forman parte de su eficacia. En cuanto a los titulos o grados, no seria incongruente afirmar que en la secuencia temporal de la formacion, interminable, los titulos son puntos de capiton, momentos conclusivos momentaneos, cuya garantia mayor, tal vez, es el deseo que los anima. Habra que admitir que la distribucion de ese deseo no tiene medida igualitaria; sera, tal vez, cada uno segun su posibilidad.

9 - Las Secciones clinicas, aunque separadas de la Escuela, tienen gran importancia, ya que en ellas se ensenya y se transmite, de modo universitario, los fundamentos de una practica psicoanalitica de orientacion lacaniana. No habilitan para el ejercicio del psicoanalisis, pero abren ciertas vias que lo preparan.

10 - Lo que anticipo Eric Laurent sobre el uso psicoanalitico del medicamento, abre una perspectiva que mereceria su inclusion.

11 - Para terminar. Si hemos hablado de nuestra pertenencia a una secta, hay que recordar, con Jacques-Alain Miller, que la consecuencia inevitable de poseer el secreto, desencadena la conspiracion de quienes no lo poseen. Si podemos subjetivar que nuestra secta, nuestro secreto, es el significante del Otro tachado, inaccesible para todos por igual, que nos deja en esa soledad del propio goce, podamos tal vez constituirnos como una secta diferente, no conspirar, sino co-inspirarnos en ese punto radicalmente Otro, para anunciarnos como una secta paradojal, la secta de los que saben que no poseen el secreto del goce. Es verdad que tal vez no convenga revelar del todo ese secreto, de modo que no se desvanezca su lugar de agalma.