World Association of Psychoalanysis

 

LA LOCURA DE JOYCE

Sergio Laia

Mientras la critica literaria se esfuerza, hasta hoy, en descifrar el texto joyceano, mi tesis es que Lacan prefirio extraer lo que ese texto cifra : la locura de Joyce. Para delinear - y aun elucidar - ese enigma, busque recrear los probables rastros que orientaron a Lacan en su formulacion, en una especie de re-lectura de los posibles pasajes que el habria senyalado, por ejemplo, en la biografia firmada por Ellmann, de la correspondencia escrita y recibida por Joyce, y de los relatos de recuerdos legados por uno de los hermanos y por diversos amigos del escritor. Me autorize, entonces, a crear un acceso (ficcional) a la biblioteca de Lacan, resaltando lo que podria haberle servido de guia (inclusive documental) para la formulacion del enigma sobre la locura de Joyce (1).

La locura de Joyce es un enigma porque en la critica que tuve oportunidad de investigar, en la celebre biografia que Ellmann dedico a Joyce y, aun en toda una serie de diarios, memorias o ensayos en los cuales su hermano Stanislaus y amigos intimos buscan evocar los trabajos y los dias de este escritor (2), no hay indicaciones, ni afirmaciones precisas, sobre si Joyce habria sufrido algun tipo de locura.

No hay - en los principales relatos extraidos de la vida de Joyce - cualquier pasaje que nos permita constatar un desencadenamiento de la locura. Y como el psicoanalisis de orientacion lacaniana nos permite aprehender la existencia de locuras no-desencadenadas, es importante destacar que, al menos en principio, en la inmensa cantidad de datos que se acumulo sobre la vida de Joyce, mas alla de no existir cualquier senyal de desencadenamiento, las pocas indicaciones relativas a la posible estructura psicotica de Joyce pueden ser apartadas, con mayor o menor intensidad, en nombre de otras justificaciones, diferentes de aquellas atribuibles a la locura de este escritor, y mas proximas al rigor con el que un artista trata su obra. Sin embargo, es exactamente al uso joyceano de la obra que Lacan va a recurrir para interrogar sobre la locura del escritor, mostrandonos por que no hubo desencadenamiento y porque las posibles indicaciones de una estructura psicotica, en Joyce, son de dificil constatacion, aun estando presentes.

Destacada por el propio Ellmann, la *tendencia al litigio* que, a veces, movia a Joyce (3) podria, de un modo general, aproximarse a la querulancia, presente en delirios de persecusion conectados, predominantemente, *a una ocasion exterior determinada, a un cierto perjuicio real o supuesto* (4) que justificaria la insistencia psicotica en algunas quejas o reivindicaciones. En el caso de la vida de Joyce, los principales *litigios* en los que se vio envuelto tuvieron siempre su obra como causa y, por ese lado, aun cuando fuesen favorecidos por alguna dimension patologica, no pueden ser disociados de la lucha de un escritor para defender el rigor y la libertad de su creacion. Joyce jamas consiguio publicar sus libros sin algun tipo de controversia, de querella o de disputa (5).

Por otro lado, una cierta configuracion persecutoria no deja de organizar el celebre exilio de Joyce con relacion a Irlanda, su tierra natal, pues el escritor, basandose en algunos acontecimientos relacionados con el o con su obra, mantenia firmemente la creencia de que era *persona non grata* en su propio pais. Finalmente, la persistencia y la intensificacion de la creencia de que seria agredido en el caso que algun dia retornase a Irlanda, pasaron a organizar y a reforzar el exilio de Joyce por el resto de su vida. Estaba tan afectado por esa posicion de *perseguido* que, cierta vez, llego a interpretar que el hecho circunstancial de que su esposa e hijos se vieran involucrados en un ataque durante la Guerra Civil Irlandesa habia sido no un acontecimiento corriente de un conflicto social, sino algo que estaba *realmente dirigido contra el mismo* (6).

A lo largo de la biografia de Ellmann y de algunas cartas escritas por Joyce, encontramos tambien pasajes referentes a crisis depresivas vividas con mayor o menor intensidad. Aunque la presencia de la depresion en un sujeto no sea, necesariamente, un indicativo de una estrutura psicotica, la locura puede perfectamente en algunos casos, tomar esa forma. Mientras tanto, si nos regimos por los pocos registros que tenemos de las crisis depresivas sufridas por Joyce, verificamos que ellas, tal como la mayoria de los litigios en los que se vio envuelto, estaban relacionadas, casi siempre, con alguna perturbacion capaz de amenazar su propia invencion como autor.

Los episodios depresivos mas intensos coincidieron con las resistencias y reservas suscitadas por la escritura de *Finnegans Wake*, desde su version previa titulada *Working in progress*. Joyce, sintiendose presionado hasta por su protector y hermano Stanislaus y por amigos fieles como Erza Pound y Harriet Shaw Weaver, va a producir lo que el propio Ellmann llamo *una de las ideas mas extranyas de la historia literaria* (7) : empezo a considerar seriamente la posibilidad de que otro escritor, James Stephens, fuese el encargado de finalizar su libro (8). Los motivos para esa eleccion le otorgan aun mas extranyeza : James Stephens es poeta y, asi como el propio Joyce, habia nacido en Dublin ; *JJ y S*, o sea, las iniciales presentes, respectivamente, en los nombres de James Joyce y de James Stephens, evocarian la forma como sus patricios coloquialmente designan *el whisky irlandes *John Jameson and Son** y compondrian *una sigla encantadora debajo del titulo* del libro (9), mas alla de permitir una combinacion entre el nombre propio de Joyce y aquel de Stephen, personaje que rehace un trayecto bastante considerable a lo largo de la escritura joyceana.

A partir de 1932, o sea, despues de la muerte del padre - cuyo impacto fue matizado por la alegria del nacimiento de su nieto -, otro factor pasa a conmover radicalmente a Joyce : el desencadenamiento y la progresiva gravedad de la locura de su hija Lucia. El escritor preferia atribuir tal perturbacion a la vida nomade y a la variedad de lenguas que el mismo impuso a sus familiares, por haber elegido el exilio y su integra dedicacion a la literatura (10). Joyce preferia decir que su hija era, en verdad, portadora de una increible *clarividencia* y, mas alla de ofrecer pruebas de ese poder, tambien lo detectaba en el mismo titulo de *Finnegans Wake* que profetizaba el despertar de Finlandia para el mundo y en algunos parrafos del *Ulisses* (11).

En el Seminario titulado *Le sinthome* Lacan menciona ese *diagnostico* que Joyce dio a su hija, pero prefiere destacar como el propio Joyce esta implicado en esa forma de lidiar con la locura de Lucia : *... el le atribuye alguna cosa que esta en la prolongacion de... su propio sintoma* (12). Es importante notar que, al referirse a la relacion entre Joyce y Lucia, es el termino *sintoma* (*symptome*) que Lacan utiliza. No hay, mientras tanto, al contrario de lo que se procesa en varios pasajes y en el propio titulo del Seminario, la convocacion de la grafia antigua de ese termino, o sea, Lacan no evoca, en ese contexto, el termino *sinthoma* (*sinthome*) : no se trata, aqui, de la ligadura tramada en la obra o, en un contexto mas amplio, donde no encontrariamos apenas el trabajo joyceano, no se trata de lo que se depura como lo mas exclusivo, lo mas individual en un sintoma. Es justamente la ausencia de exclusividad que, a mi modo de ver, posibilita la prolongacion de un sintoma de alguien en el sintoma del otro. Asi, la locura o, joyceanamente hablando, la *clarividencia* de Lucia esta en la prolongacion de un sintoma que afecta a su padre. Este sintoma de Joyce, segun Lacan, es el siguiente : *en relacion a la palabra, alguna cosa le era impuesta* (13). Ahora bien, *no se trata de un sintoma exclusivo de ese escritor* porque la *imposicion* de la palabra es, conforme el mismo Lacan nos ensenya, un desdoblamiento de la dimension *parasitaria* propia de la palabra que, como tal, afecta a *todo* ser humano.

A pesar de no ser mencionado por Lacan, me parece decisivo destacar un dato que refuerza esa prolongacion que se realiza entre la *clarividencia* atribuida a Lucia y las palabras impuestas a Joyce. Al darle a la hija, como primer nombre, *Lucia*, el escritor asociaba su eleccion a la Santa patrona de la vision - Santa Lucia o, en italiano (que fue el idioma del cual Joyce derivo el nombre de sus hijos) - Santa Lucia. Asi, la *vision* se le impuso a la hija de Joyce desde el nacimiento y, en el auge de su locura, esa imposicion le retornara, vehiculada nuevamente por su padre, a traves de la atribucion que el, tomando en serio lo que ella decia, comenzo a hacerle de una *videncia*, cuya claridad no estaba menos inscripta en el nombre elegido para la hija, pues *Lucia*, en italiano, se traduce tambien como *luz*. Tambien es notable que la locura de Lucia se vuelve manifiesta y se agrava en el mismo periodo en que la salud de los ojos de Joyce empeora considerablemente y que el se encamina, cada vez mas, por ese *libro de la noche* titulado *Finnegans Wake*

Todos estos acontecimientos, que giran alrededor del *diagnostico* joyceano de Lucia, se pueden entrelazar asi : un padre tiene su vision y su trabajo invadidos por una tiniebla espesa, pero consigue vislumbrar su fragil hija, perdida en las manifestaciones no menos obscuras de las palabras impuestas y, para intentar salvarla de la noche de la locura, para intentar redimir su falta en tanto padre, Joyce - al modo de un Orfeo con su Euridice - recurre a la palabra, cuya dimension impositiva tambien lo afecta, pero encontrando resguardo en su obra. Ese padre, consumido por el dolor de Lucia y casi ciego, busca, una vez mas, la exactitud fulgurante conquistada en el uso riguroso de la escritura : nombra el estado de su hija con un desdoblamiento del nombre que ya le habia dado - *Lucia, la Clarividente* - y esa renominacion no deja de ser, tambien, una apelacion frente a la oscuridad que, tal como su obra, *progresivamente* se hace cargo de sus ojos porque, en ese mismo periodo, los problemas de vision de Joyce se agravan a punto de dejarlo practicamente ciego.

El breve comentario lacaniano sobre el *diagnostico* conferido a Lucia por Joyce termina sosteniendo que el escritor *testimonia, en ese mismo punto, la carencia del padre* (14). La no-simbolizacion de esa carencia, la experiencia real de esa falla es lo que los psicoticos testimonian. Gracias a una biografia relativamente reciente, es posible constatar que John Stanislaus, padre de Joyce, encarnaba una falta frente a su tradicion familiar : la descendencia que el genera - contrariamente a lo que ocurrio con sus antepasados - no se concentra mas en un unico hijo, cuya exclusividad mantendria intacto un *orgulloso y no comun linaje familiar de sucesion de primogenitos hombres* (15). Finalmente, su primer hijo, a pesar de haber sido un varon, fallece pocos dias despues de haber nacido y, mas alla, Joyce va a ser no solamente el *segundo* hijo, sino tambien el mayor de toda una *serie* de hermanos.

En si misma, esa falta paterna no puede ser tomada como un fundamento para la locura de Joyce. Aun, en su desdoblamiento sobre la estructura de las relaciones entre John Stanislaus y James Joyce, insiste una determinada *ambiguedad*, que puede ser un indice del fracaso en la simbolizacion de lo que Lacan llamo *carencia paterna* : John Stanislaus se rehusaba a sentir culpa por haber quebrado la secuencia familiar que recibio como un legado y, *al mismo tiempo*, trataba a Joyce como el hijo unico, aunque el fuese apenas el segundo y el mas viejo sobreviviente entre varios otros que lo sucedieron.

Si John Stanislaus fue quien *quebro la secuencia de la cual la generacion de sus ancestrales* tanto se enorgullecia, Joyce sera aquel que, a lo largo de su obra, cada vez mas intensamente, va a enfrentar y, sobre todo, suplementar la no simbolizacion de una *carencia*, de un agujero encarnado por el padre. Se trata de un suplemento porque esa obra no se propone como un simbolo que complementaria la falla paterna : ella se teje como un *sinthoma* que, teniendo al padre como un pivot, permite a Joyce imponer al mundo su nombre y, asi, forjar su propia version de lo que puede hacer las veces de paternidad (16). Gillet, a su modo, ya anticipaba la concepcion lacaniana de la obra joyceana como un *sinthoma suplementario*. Especialmente al afirmar que esa obra ira progresivamente a explorar y renovar *el eterno *misterio* de la Creacion, de la Genesis, de la Paternidad* pues Joyce encontraria en ese misterio, *el fondo de todo, el propio *abismo* de la existencia y del destino* (17). Al desdoblar, en su obra, tal misterio, al servirse de ella para atravesar tal abismo, Joyce descompone, en el ejercicio mismo de la escritura el dominio retorico con el que su padre busco responder a partir de una recusacion, la falla encarnada ante la tradicion familiar. Afirmaria, por tanto, que Joyce *retoma* y *reconstruye*, de una forma bastante singular, y aun individual, lo que Gillet *lacanianamente* designo como *enigma de la generacion y de la transmision del ser* (18).

Considerando que la simultaneidad de la muerte del padre y el desencadenamiento de la locura de la hija no deja de confrontar a Joyce con lo que Lacan llamo *carencia del padre*, me parece interesante evocar parte de una carta que el escritor dirigio a Miss Weaver. Joyce le relata el ultimo pedido que su padre le habria hecho a traves de un amigo. Luego de mencionar esa solicitacion, el escritor hara referencia al modo en que la voz del padre lo afectaba : *me parece que *su voz*, de algun modo, *entro en mi cuerpo o en mi garganta*. Ultimamente mas que nunca - especialmente cuando suspiro* (19). La precision *ultimamente mas que nunca* reitera la imposicion de las palabras que, aun antes de la muerte del padre, ya afectaban al hijo escritor : la muerte vendria apenas a reforzar tal imposicion. Por otro lado, considerando el agravamiento de los problemas oculares de Joyce, tal vez no sea excesivo evocar la proximidad fonico-escritural entre *sight* (*ver*, *visar*) y el verbo *sigh* que Joyce usa para resaltar como la metamorfosis de la voz paterna afecta al hijo, sobre todo, cuando el *suspira*.

Asi, la muerte de su padre, la perdida progresiva de su vision y la *clarividencia* atribuida a Lucia van a enfrentar el cuerpo - y no tanto la obra de Joyce - con la dimension impositiva de esos objetos que Lacan llamo *voz* y *mirada* y que, en una estructura psicotica, pueden comparecer como indices reales y decisivos para la consolidacion de un diagnostico. Es importante aun destacar que Joyce llego a mencionar efectos corporales menos intensos para Eugene Jolas, como la voz del padre le era impuesta a partir del vacio puesto en evidencia por la muerte de este ultimo : *escucho a mi padre hablando conmigo* (20). Pocos anyos despues, durante una de las peores crisis de su hija, Joyce presentara lo que el propio Ellmann llamo de *alucinaciones auditivas* (21) y estas van a ceder luego despues que acate la recomendacion medica de retomar el trabajo con *Finnegans Wake* (22).

Fue sobre ese su ultimo libro que Joyce, cierta vez, dijo a Mercanton que la locura realizada ahi le traia tantas objeciones porque las personas no estaban de acuerdo con que el hubiese *traducido en impresiones auditivas las imagenes del suenyo, que pertenecen a la vista* (23). En otros terminos, en *Finnegans Wake*, la *locura* fue haber dado voz a lo onirico donde la noche de los neuroticos alucina los secretos que los locos, por su parte, exponen en plena luz del dia, o en el caso de Joyce, en el destello blanco de la pagina. En otro angulo, el de la *Pasion del Padre*, el parasitismo de la voz de John Stanislaus en la garganta y en el cuerpo del hijo, la irrupcion de alucinaciones auditivas durante una de las peores crisis vividas por Lucia hicieron centellear, en el proprio cuerpo de Joyce, la locura, pero, ahora, desatada de los escritos fuera de si que el compusiera.

Sostendria finalmente que, en el ejercicio y en el uso de su escritura, Joyce ata la propia locura enfrentando con rigor y como *poeta de su propio poema*, la dimension real de la palabra impuesta a su vida y a su obra, a su locura y a su literatura. Por lo tanto, junto con el lenguage, la identidad fonatoria, la diferencia de las lenguas, la psicosis de la hija, la voz y la carencia del padre, lo que Joyce en sus escritos, a modo de una Circe, disuelve y metamorfosea son, tambien, las marcas de su propia locura. Por eso, sea a partir de lo que nos fue legado por su fraterno guardian, sea en su extensa correspondencia, sea, por fin, en los conmovedores recuerdos que le fueron escritos por su propia iniciativa o por el vacio dejado por su muerte, no encontramos - antes del enigma formulado por Lacan - registros precisos sobre la locura de Joyce.

Contraponiendo la escasez de estos registros a la enorme cantidad de datos que se acumula respecto de Joyce, la cuestion lacaniana sobre la locura del escritor se impone como un *enigma*. Finalmente, en la tesitura formada a lo largo de su proceso escritural, a partir de las palabras que le son impuestas, Joyce *localiza* y, como es caracteristico a todo procedimiento enigmatico, Joyce tambien *cifra* el goce que, en los casos como el de su propia hija, invadiendo los cuerpos sin depararse con alguna amarradura, acaba reduciendo el alcance de la transmision de los escritos fuera de si y generados en la *extranya* vecindad entre la literatura y la locura.


Traductora: Maria Spektor