World Association of Psychoalanysis

 

Nota sobre filosofía postlacaniana

Jorge Aleman

 

  1. Hay una filosofía postlacaniana tal como hubo una filosofía postfreudiana en Adorno, Marcuse, etc...
  2. Se llama filosofía postlacaniana a la que discurre de distintas maneras sobre las diversas consecuencias de la inexistencia del Otro, formulada y desplegada por Jacques Lacan en su enseñanza. Aunque en la filosofía postlacaniana aún permanece velada la vinculación con el pensamiento de Lacan.
  3. Después de la enseñanza de Lacan, existen por lo menos, tres abordajes decisivos referidos a la inexistencia del Otro: "la extimidad", "los signos de goce" (J.A.Miller), "El Otro que no existe y los comités de Etica" (J.A.Miller y E.Laurent).
  4. Es propio de la filosofía lacaniana abordar entre otras las siguientes temáticas: La incompletud y la inconsistencia de los lenguajes, la crítica al metalenguaje, la oposición verdad saber, las teorías de la decisión y el acontecimiento, las fronteras indecidibles entre distintos campos de enunciación, la imposibilidad de sostener un deber fundado en lo universal, las experiencias aporéticas de la Etica, la destrucción de las categorías metafísicas y fundamentalistas de la filosofía y su superación, la destitución de las teorías del conocimiento, el estatuto de las escrituras en los procedimientos de la argumentación...
  5. La filosofía postlacaniana, encuentra en Derrida, y en el modo en que se vinculan Freud y Heidegger gracias a Lacan, en el texto derridiano, a su primer representante europeo y en Rorty su derivación y traducción norteamericana.
  6. La deconstrucción (Derrida) y el pragmatismo (Rorty) son estrategias filosóficas frente a la inexistencia del Otro, distintos estilos de merodear su tachadura.
  7. En el caso de Derrida, tratándose de un pensador que finalmente se situa en la tradición europea, aunque se reclame "extimo" a la misma, sus rodeos por la inexistencia del Otro, se presentan en general del siguiente modo: mostrar las estructuras aporéticas de las proposiciones clásicas del saber, señalar un afuera o exterior que el saber en juego no termina de metabolizar en sus conceptos, derribar y desplazar un orden conceptual desde un "exterior" no conceptualizable, que se llama trazo, suplemento, huella..., mostrar que si Y es la condición de posibilidad de X, Y es la condición de imposibilidad de X. Estas maniobras deconstructivas, para que no terminen devorando a todos los textos de la tradición y finalicen, entonces, en una estrategia totalizante que relativiza todo, deben mostrar que imposible se presenta para la deconstrucción. La justicia, la promesa, el acontecimiento, el duelo, no puede ser deconstruidos, pues constituyen el límite de la operación deconstructiva o su condición de posibilidad. La dimensión ética de la deconstrucción es su imposible. Restableciendo el discurso ético, Derrida quiere tomar distancia de los efectos norteamericanos relativistas presentes en la lectura rortyana de sus textos. De ese modo, la inexistencia del Otro, que promueve la deconstrucción gira hacia el pathos religioso de Levinas.
  8. Rorty, en cambio, lleva a la inexistencia del Otro, a través de su pragmatismo a una resolución cínica. Se trata de ser "un ironista privado", antifundamentalista y liberal, por eso, autores como Freud y Derrida, pueden contribuir a la "satisfacción privada de cada uno", colaborar con la "redescripción" de uno mismo, con la superación del proyecto "idiosincrático" de cada uno, pero según Rorty estas operaciones no nos dicen nada sobre qué hacer con el sufrimiento de los otros seres humanos. Por ello Rorty concluye que es imposible en una misma teoría articular la dimensión propia de la invención privada, con el proyecto público de la política.
  9. Inexistencia del Otro derridiano: traducir lo imposible como acontecimiento, porvenir, duelo, emancipación, justicia y mantenerse en la aporía como experiencia de lo imposible. Inexistencia del Otro rortyano: invención de un sí mismo contingente y sin fundamentos, devenir "un ironista privado" redescribir los propios vocabularios morales y dejar el radicalismo para lo privado y confiarle a la política solo las palabras "de sobremesa".
  10. ¿Podrá la filosofía postlacaniana entrar en diálogo con aquello que el psicoanálisis, gracias a su experiencia, pudo saber sobre el síntoma?