World Association of Psychoalanysis

 

De enganos reciprocos y no

Maria Cecilia Gasbarro

 

"El aventurero" (en el sentido del viajero)
"ante todo, ha de ser soltero"
A. Malraux "Antimemorias"

"El matrimonio como engano reciproco: es aquello en lo cual pienso que
el matrimonio es el amor". ( Seminario XXI, 1ª. Clase)

 

De todas las alusiones que Lacan ha hecho al matrimonio, en distintos
momentos de su ensenanza, he elegido ocuparme de la que siempre me
parecio mas extrana, tal vez porque cada vez que Lacan dice que hay
reciprocidad, esto nos pone en guardia.¿ Sera tan solo una ironia? Desde
luego, no se esta refiriendo a que hay reciprocidad en el sentido "el es
para ella lo que ella es para el". Sabemos que esto nunca funciona asi,
y, llevando las cosas al extremo, dira que en el matrimonio, al menos
"una mujer no se equivoca nunca". No se equivoca en tanto "funcion
esposa". Pero claro, si no se equivoca nunca, esa funcion no tiene nada
de humano. Sera la Iglesia, por ejemplo.

Sin embargo el sostiene su decir respecto de la reciprocidad del amor, y
me parece altamente sugestivo que lo ligue al matrimonio exactamente en
este punto (no es frecuente que Lacan relacione al matrimonio con el
amor).

En la ultima clase del mismo seminario quedara mas aclarada la
estructura de esta reciprocidad: no se trata, por cierto, de que amar
implique ser amado por el otro, sino de que, cuando se ama, se esta
enamorado; es decir, capturado, tomado en la trampa. Exige la posicion
del incauto. De igual manera opera el saber inconsciente: saber es
identico a ser sabido, ser sabido por ese saber que trabaja al sujeto, y
por ello, exige una posicion equivalente. Ser incauto del Inconsciente
implica amarlo. Por eso se articula el amor al saber; el amor se dirige
al Sujeto Supuesto Saber, y esto no es lo mismo, dice Lacan, de lo que
se produce cuando emerge el goce de la mujer. Para equivocarse, una
mujer ha de pasar por el goce falico, ese que le falta y "toma
prestado", via identificacion, del hombre. Es en ese mismo sentido que
podemos decir que una mujer "presta" su cuerpo al partenaire para que
este haga de el plus-de gozar y causa de deseo, es decir, a.

"Siempre" dice Lacan en su Seminario RSI, "por error". Es su
inconsciente lo que el ama equivocandolo - malentendiendolo - en ella. Y
por azar, ademas.

Luego, no hay encuentro posible sin que un malentendido medie entre los
sexos; no es exactamente reciproco, pero debe anidar en ambos.

No es azaroso, entonces, que Lacan evoque la figura del matrimonio en
alguna relacion con "Les non-dupes errent ", nadando en la equivocidad
que suscita. Me interesa particularmente tomar la via del errar, a la
vez errancia y error, ya que de aqui se desprende la posicion del
no-incauto, la posicion del viator.

El viajero

Imaginar la vida como un viaje surge como una implicacion necesaria para
el que no se quiere dejar capturar en lo que lo determina como sujeto:
el saber inconsciente. Le es necesario desconocer las vueltas de la
repeticion; imaginar un camino recto del nacimiento a la muerte, sin
recodos, en y con ese sentido a la nada. Sentido que se opone al
desciframiento de los signos enigmaticos con que la indestructible
determinacion de la demanda afecta al sujeto. Esto es, dice Lacan, el
primer error. No dejarse errar. Sera entonces un extranjero en el mundo,
implicacion tambien necesaria de la posicion del viajero. Mas he ahi, en
esa extranjeridad, que se cuela, por asi decirlo, la funcion del Otro
que desconoce; la tercera dit-mansion, la estructura. Este es el segundo
error, que lo lleva a estar sometido a este lugar, sin salir jamas, sin
atisbo de registrar la falla del Otro, por cuanto su misma posicion le
impide la contingencia, el azar del encuentro.

Podemos situar ya aqui la consecuencia de un rehusamiento del no-incauto
a dejarse capturar por el amor, precisamente en el punto en el que se
verifica que el amor surge de la contingencia, que "encuentra su soporte
en cierta relacion entre dos saberes inconscientes" (cf. Sem. Encore,
cap. XI ). Si ama, sera segun el modo de lo posible.

Asi, el partenaire se reduce al companero de ruta; el matrimonio, a
haber recorrido un tramo juntos. Ninguna chance, desde ahi, de llegar a
un punto de imposibilidad, de articular algun real. Hay parejas que se
arman asi, y cabe preguntarse que los enlaza.

El cielo protector

He encontrado en "El cielo protector", una excelente novela de Paul
Bowles, una version ciertamente paradigmatica del no-incauto y su doble
yerro. Sus protagonistas son un matrimonio de viajeros, en el momento de
comenzar un nuevo -y ultimo- viaje.

El escenario: el norte del Africa. La novela comienza en Tanger, y nos
ira adentrando paulatinamente hacia el corazon desolado del gran Sahara.
El ano, 1945.

Si son viajeros, y no turistas, es porque la diferencia, escribe Bowles,
"radica en el tiempo; mientras el turista se apresura ... a regresar a
su casa, el viajero, que no pertenece mas a un lugar que al siguiente,
se desplaza con lentitud de un punto a otro de la Tierra". La dimension
elidida, el tiempo, nos es mostrada desde el comienzo mismo de la
novela, bajo la forma de un sueno del cual el protagonista masculino
hace un tratamiento muy particular. He aqui lo que suena: "Era de dia y
yo viajaba en un tren que iba cada vez a mas velocidad. Me dije: vamos a
meternos en una gran cama bajo montanas de sabanas. Y pense que si
queria podia empezar a vivir de nuevo, volver al principio y llegar
hasta hoy, viviendo la misma vida hasta el mas infimo detalle. Entonces
me dije: no! no! No podia soportar la idea de pasar nuevamente por todos
aquellos miedos y sufrimientos.Y me oi decir si!...porque sabia que
estaba dispuesto a pasar otra vez por todo con tal de sentir el olor de
la primavera de mi infancia. Pero ahi me di cuenta de que era demasiado
tarde, porque mientras pensaba no! me habia arrancado los incisivos...El
tren se habia detenido, yo tenia los dientes en la mano y me eche a
llorar, con esos sollozos terribles de los suenos".

El cuenta este sueno a su esposa y a un amigo de ambos a quien han
invitado a acompanarlos en el viaje, a pesar de que a ambos les parece
insufrible. Por que esta ahi, se dilucidara despues. Pero lo remarcable
es que el relato del sueno angustia terriblemente ... a ella, que lo
toma como signo de un presagio funesto. Puesto que ella, su vida misma,
transcurre en un continuo y doloroso intento de descifrar
signos-presagios que no alcanzan a conjurar un horror siempre inminente,
del que nada quiere saber.

Es esta angustia, que no le permite enganarse, lo que consagra a su
partenaire, y es lo que permite que el haga de ese sueno una renegacion
de lo que conlleva de castracion imaginaria. "Un sueno clasico",
interpreta, "universal; un simbolo de la vida misma; la eleccion -por si
o por no- queda automaticamente desestimada por su decision de negarse a
participar en ella". De ahi en mas, se deslizara por diferentes
versiones de un "puedo volver cuando quiera", en un camino sin retorno
segun el dictado mortifero de su fantasma. (Yacer bajo montanas de
sabanas se realizara en una muerte en el desierto, por una enfermedad
cuyos signos desconoce obcecadamente hasta el final).

Ella, como se revela desde el principio, con-funde su ser con el objeto
del fantasma de su marido. Remarquemos aqui la diferencia entre
prestarse y confundir; en el primer caso, funciona el semblante, la
mascarada; no en el segundo.

Desenganada respecto de ser amada por el, no obstante lo sigue hasta el
final. Se deja llevar para no saber.

Agonizando, el desgrana palabras de amor en las que ella no cree en
absoluto. No habra para ella, a partir del desenlace -la muerte de el-
sino el camino de una infinitizacion estragante, del enloquecimiento.

Quisiera destacar, antes, un momento crucial de la novela, que revela el
fracaso del malentendido, la imposibilidad absoluta, en estos dos
no.incautos, del enredo propio de la comedia sexual. Tiene que ver con
la introduccion fallida del tercer personaje, el otro hombre; ella
descifra su presencia alli como un deseo de su marido de que ella se
entregue a otro; esto sucede, bajo la forma de otra tarea penosa que
ella encara, solo para dar cuerpo a una culpa atroz que la encadena aun
mas. Por su lado, su marido, en cuanto registra en si un deseo de hacer
del otro un rival a quien disputar la mujer (y volver a ella),
rapidamente -al igual que con el sueno- se deshace del problema. Arregla
todo para dejar al otro fuera del camino; entonces, vacila. "Ahora todo
dependia de el; podia hacer el gesto correcto o el equivocado; imposible
distinguirlos de antemano ... estaba asustado de su propia ignorancia
... debia imaginar una situacion en la cual esa ignorancia no tuviera
importancia, debia actuar como si el tener (a ella) no fuera un
problema, nunca mas! Y, quizas por pura desatencion, automaticamente, el
problema se arreglaria ... por lo tanto, abandono la idea de volver".

Se ve muy bien el rehusamiento a hacer de ella un sintoma que oriente su
goce; insisto, de igual manera que con lo que le afecta de saber, evita
equivocarse con una mujer. (Es necesario senalar el particular desapego
a los semblantes masculinos que se observan en el a lo largo de la
novela).

¿Y que de ella? Si su respuesta al "que soy" pasa exclusivamente por el
fantasma de su partenaire, y nada dice de su responsabilidad como
sujeto, si tampoco ha consentido al engano de prestarse, sino que
sucumbe a la confusion, entonces no hay otra salida para ella que la que
se describe en la novela. Vamos a ello.

Cuando el muere, lo poco que resta de semblante -un cielo protector en
el que el confiaba lo protegiera de la "noche oscura"- se desgarra en
forma definitiva para ella; se convierte en una realizacion de puro
desecho de la verdad del fantasma masculino: se deja poseer y encerrar
por un arabe al que le tiende los brazos en pleno Sahara, se escapa para
caer en los brazos de otro, que ya es cualquiera. Absolutamente perdida,
garabatea en un papel a modo de telegrama sin direccion ni destinatario:
"imposible volver". Es rescatada y devuelta a Tanger -donde, recordemos,
comienza el viaje- para volver a perderse, definitivamente, subida a un
tranvia que, segun reza el final de la novela, "fue dejando lejos el
sector europeo hasta adentrarse en el barrio arabe. Alli, el tranvia
describio una amplia curva cerrada y se detuvo: era el final del
recorrido". Bucle de la repeticion que la situa del otro lado del borde.

Cuando falla el engano reciproco del amor, solo une el espanto.